No hay nada que me ponga más irascible que tener comprometidas las mañanas de los sábados, que suene el despertador un día en el que su única función debería ser la de permanecer en el mutismo transmitiendo esa leve ilusión de que somos dueños del tiempo, aunque sea de forma efímera. El 18 de noviembre también es sábado, son las 8 de la mañana y ya corre el agua en la ducha. Canto y sonrío con prisa ante el espejo hasta que presto atención a las noticias de la radio.
Todos los titulares hablan de nosotros, de los ciudadanos que vamos a encontrarnos en la plaza de Cibeles y de las reacciones que provoca en los que dicen ser nuestros representantes. Extremistas, manipulados por los radicales, frentistas… como adjetivos más amables. No dejo que me afecte, hemos aprendido lo que podemos esperar de ellos desde el mayor cinismo que ya no esconden. Se pusieron medallas en el 2017, dijeron estar al lado de los ciudadanos que habían sido condenados al ostracismo, al silencio y la anulación social, a la conculcación de derechos y libertades, frente a los que se ponían caretas victimistas, decorando con lazos amarillas solapas, puertas y ventanas señalándose como si no fueran de nuestra misma especie, llenaron los colegios con urnas que eran jaulas de la democracia y quemaron calles y plazas sembrando el terror y el horror cual pestilente aquelarre sobre todo disidente. Tras tanto despropósito surgió la esperanza: Barcelona se llenó de una sola bandera la de la unidad, la de España, de optimismo y confianza. El Rey fue el aire necesario para que sintiéramos que había valido la pena, que no estábamos solos, que por fin los delitos iban a ser pagados.
La ingenuidad es el antídoto contra la desesperanza, y eso es lo que fuimos, unos ingenuos cuando aceptamos los indultos y los cambios legislativos que eran escaras en nuestro Estado de Derecho. Por la convivencia, decían mientras prometían que no habría más concesiones: ni amnistía ni referéndum. Conocerán la firmeza del gobierno, vendían desde su púlpito de vendedor de crecepelos de otro siglo. Pero siempre se descubren los naipes marcados en manos de los tramposos, y tras las elecciones nos los mostraron con la necedad que acompaña a los que se saben mentirosos, traidores y desleales.
Desde todos los medios a su servicio, que sabemos que los pagos y los precios también sufren los efectos de la inflación, acusan a los que ponen en evidencia las contradicciones y alertan de la magnitud del peligro de dividir a la sociedad, de no ser ciudadanos responsables. Nada nuevo, esa especie de ingeniería social de urgencia ya la vivimos en Cataluña. Ese muro que intentan crear, deshumanizando a los que no entran en el que consideran su lado, es de adobes que no resistirán por muchos esputos que lancen contra quienes no aceptan comportarse como su rebaño. Y de nuevo una gran ciudad, esta vez Madrid, va a convertirse en el símbolo de la resistencia contra la destrucción de la democracia.
Llego a Cibeles las 10 de la mañana, un gigantesco escenario recuerda que nuestro país es España, su historia, sus valores y su contribución a la convivencia en lugares lejanos en el mundo, nos une para que la mentira y el ansia de permanecer en el poder a costa de romper los siglos que nos respaldan no triunfe, porque es posible, no siempre los malos ganan. Se llenan las calles, más de un millón de voces es una sola, nadie pregunta ¿y tú de quién eres?, porque todos somos del mismo, de la defensa de la democracia y así lo percibe el mundo, porque esta vez sí, el mundo mira hacia el lugar correcto de la historia. No en nuestro nombre, no en el nombre de España, solo en el tuyo propio, Pedro Sánchez.
Pilar Castellanos Castillo, Madrid, 25 de noviembre de 2023
NOTA DE LA REDACCIÓN: elCatalán.es necesita su apoyo, en este contexto de grave crisis económica, para seguir con nuestra labor de defensa del constitucionalismo catalán y de la unidad de nuestro país frente al separatismo. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















