Sirera está jugando fuerte para ser una alternativa a Collboni en el 2027, y aprovechó el ecuador del mandato para lanzar sus propuestas para seducir a lo que denominó «una mayoría transversal» de barceloneses. Lo hizo a lo grande, metiendo a cerca de trescientas personas en el Recinto Modernista de Sant Pau, con un público que iba más allá de los militantes y cargos del PP. Mucha entidad y mucho vecino con curiosidad para ver que decía el alcaldable popular.
Más allá de las críticas al alcalde por su incapacidad de solucionar los grandes retos de la ciudad – la turismofobia que la izquierda promueve atacando a un sector clave de la economía barcelonesa, la okupación que destroza la confianza de los propietarios, la inseguridad que mete el miedo en las casas de los vecinos y la suciedad que sigue campando como en la etapa de Colau – Sirera prefirió lanzar un buen número de propuestas.
Apoyar el turismo, bajar impuestos, apoyar a la economía productiva y la ampliación del puerto y el aeropuerto, mejorar la atención a los mayores, ampliar el número de plazas educativas, poner más policías locales en la calle y exigir a la Generalitat que palie el eterno déficit de Mossos, luchar contra la okupación, plantar más árboles, apoyar a los mercados municipales… Sirera tiene claro que para poder aspirar a gobernar Barcelona hay que proponer más que criticar, y hay que ser más alternativa que oposición. Faltan dos años para las elecciones municipales, y el candidato popular ha demostrado que tiene su maquinaría funcionando a pleno rendimiento.
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