El presidente del Grupo Municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Barcelona, Daniel Sirera, ha denunciado que el gobierno de Jaume Collboni “ha decidido prolongar la agonía de La Rambla” con una prórroga de la suspensión de actividades que solo permite usos culturales, “convirtiendo el paseo más emblemático de Barcelona en un museo de persianas bajadas”.
El nuevo Plan de Usos de Ciutat Vella aprobado por el Ayuntamiento mantiene bloqueada la apertura de la mayoría de negocios, salvo unas pocas actividades culturales. Para Sirera, “es una medida profundamente restrictiva que ahoga la iniciativa económica, espanta la inversión y condena a vecinos y comerciantes a vivir en un espacio degradado, inseguro y vacío”.
Además, los negocios ya existentes sufren también las consecuencias de la mala gestión municipal, puesto que las constantes obras en la zona limitan gravemente su actividad diaria. “La última novedad es que la circulación de La Rambla estará totalmente cortada del 25 al 29 de agosto, lo que supone un nuevo golpe para comerciantes y vecinos que ya ven reducida su capacidad de trabajo por las políticas restrictivas de Collboni”, ha asegurado el dirigente popular.
Sirera apuesta por evitar la proliferación de comercios de baja calidad y por atraer negocios de alto valor comercial que contribuyan a revitalizar La Rambla. “Con un plan serio de seguridad, con gran presencia policial y tolerancia cero al incivismo, conseguiremos que los barceloneses volvamos a pasear y a comprar en La Rambla”, ha afirmado.
El Partido Popular exige flexibilizar la suspensión de actividades en La Rambla igualando la normativa a la del resto de Ciutat Vella y pide ampliar las excepciones, incluyendo usos administrativos, educativos y deportivos, que generan empleo, vida de barrio y retorno social real.
Sirera ha recordado que en Ciutat Vella hay más de 3.100 actividades censadas, con casi la mitad vinculadas a restauración y comercio alimentario, y una alta concentración de comercios turísticos de bajo valor añadido: “El gobierno municipal se obsesiona con limitar y prohibir, pero es incapaz de atraer proyectos útiles para los vecinos”. “Cada persiana bajada es una derrota de Collboni y de su modelo de ciudad: un centro histórico que expulsa al comercio tradicional, margina a sus vecinos y se entrega al deterioro”, ha concluido Sirera.
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