Sindicalismo ful, no gracias

Desde que en la antigüedad alguien parió la táctica del Caballo de Troya, para lograr emboscarse tras las líneas enemigas, la historia nos ha brindado múltiples ejemplos y variantes del asunto. Infiltrados, resabiados, traidores de casta, mercenarios vendidos al mejor postor y vengadores, se han movido a lo largo de los siglos ocultos en diversos colectivos humanos. La historia y la literatura, para bien y para mal, dan fe de ello.

León Trotsky teorizó -y los trotskistas aplicaron en la medida de sus posibilidades- la táctica del ‘entrismo’ en los partidos socialdemócratas y comunistas para, según su criterio, desalojar las direcciones ‘traidoras’ que alejaban a la clase obrera de la revolución socialista.

La burocracia era, para esta corriente de pensamiento político, el principal enemigo de los trabajadores. Urgía limpiar de funcionarios serviles la cúspide  de las organizaciones y así, casi por arte de magia, una nueva senda se abriría en beneficio de la humanidad. El planteamiento a día de hoy puede parecer ingenuo pero, hasta no hace demasiados años, personajes como la actriz Vanessa Redgrave y sus compañeros, aun batallaban en el seno del Partido Laborista para lograr su reconversión.

Ni que decir tiene que el paso de la historia ha desdibujado el planteamiento del revolucionario ruso. La sociedad actual poco tiene que ver con la del siglo pasado, cierto, pero sus advertencias acerca de las deformaciones burocráticas aún son útiles. Digámoslo claro.

En los sindicatos catalanes se ha producido un ‘entrismo’ que nada tiene que ver con aquella noble pretensión de los viejos troskistas de recuperar la dirección revolucionaria de los partidos y sindicatos obreros. Todo lo contrario, nuestros coetáneos han entrado para desmantelar lo que queda de memoria histórica creando simples gestorias.

La cúpula de las centrales sindicales catalanas se encuentra hoy bajo la bota del  secesionismo y sus asociaciones afines. El viejo sindicalismo de clase ha sucumbido a la presión política y económica de las élites nacionalistas orillando el discurso social que le era propio. Los dirigentes sindicales, el 15 de abril, prefirieron fragmentar la unidad de los trabajadores en lugar de enfrentarse al discurso secesionista y mantenerse en la centralidad.

Y es que, amigos míos, la peor y más parasitaria de las burocracias sindicales está intentando apoderarse del más de un siglo de tradición de luchas obreras y sindicales. Son muchos los trabajadores ugetistas, y de Comisiones, que andan inquietos ante tanto compadreo -por arriba- con los artífices de los recortes sociales y del 3%.

Bajo la excusa de la excepcionalidad política se oculta más de un lustro de dejación de funciones y despropósitos. Bajo el mandato de dirigentes sindicales con escaso liderazgo quedamos en manos de los mercaderes de la política. Este primero de mayo somos muchos los que no pensamos desfilar bajo las banderas decoloradas del sindicalismo ‘ful’. El año que viene ya se verá.

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