Se acercan los deseados días de descanso estival. Momento anhelado de relax y tranquilidad que no hace distingo entre los marginales que adolecemos de un serio condicionante evolutivo y errores en la cadena de ADN, según diagnóstico de las eminencias supremacistas, y los privilegiados con un RH top, cociente intelectual maxi y cadena molecular estrellada, características innatas de la raza superior “lazista”.
Pero al margen de que unos y otros dispongamos de ese periodo de latencia, con un ojo entreabierto, lo que me tiene preocupado es el retorno de las vacaciones, al vaticinarse un más que probable periodo calentito postvacacional.
Lo digo sabedor de que, a tenor de lo que se ha ido agendando, el mes de septiembre supondrá mucho ajetreo para los que, por el mero hecho de sentirnos españoles, sobrellevamos la atrofia molecular de nuestro material genético.
En este sentido conviene que comience diciendo que no puedo poner en duda la necesidad y el derecho de manifestarnos, por razones más que justificadas, ante el atropello cruzado que estamos sufriendo.
Indudablemente merece la pena salir a la calle y promover e incitar a la movilización. Ya son demasiados los agravios que hemos de soportar los que somos leales y legales (a España y a la Constitución).
Es inquietante ver las decisiones del actual Gobierno, sin representar a la mayoría social y con una minoría parlamentaria récord, sustentando al ególatra presidente actual.
Y es bochornoso que admita el partido socialista verse condicionado y secuestrado por servidumbres prometidas, a cambio del apoyo interesado de quienes quieren romper la integridad de nuestra nación. Solo por eso ya veo justificada la necesidad inmediata de elecciones.
Pero podemos añadir, como argumentos para quejarnos, las necesarias muestras de apoyo a todas y cada una de las iniciativas en defensa de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes, ante el continuado pisoteo que sufre nuestra lengua por parte de los malos gobernantes que minusvaloran el idioma común de todos los españoles.
O, por acabar con el repaso de la agenda planificada para el mes, dar la cara por la defensa de la equiparación de los derechos de los cuerpos policiales y la consiguiente igualdad salarial.
Pero todo ello considero que debe canalizarse del modo más efectivo posible. A mi entender, por la experiencia acumulada, es un sinsentido llamar a la sociedad a la movilización los días 9, 16 y 29 en el mismo mes de septiembre. Es evidente que, en lugar de citas monográficas, debería definirse una gran convocatoria que aglutinase y se signifique en defensa de todos los temas.
Como añadidura, en concreto haciendo referencia a la primera de ellas, la considero un gran riesgo si tenemos en cuenta que será dos días antes de la que, tradicionalmente, es la fecha culmen del independentismo, el 11S. No podemos obviar que, inevitablemente, su acogida y seguimiento se brindará a comparaciones posteriores y, lo peor, puede incitar al adversario a salir a la calle y que su aquelarre sea aún mayor por el efecto llamada creado al albur de la misma.
Hemos de centrarnos y capitalizar con sinergia nuestro esfuerzo. Por ello, vería un acierto que se apostase por la cita del día de la Fiesta Nacional, el próximo 12 de octubre, como aglutinante de todas y cada una de las reclamaciones y reivindicaciones que se quieren apelotonar durante el mes de septiembre.
Invitamos a los organizadores de las citas de ese mes a hablar con nosotros, si ven factible y oportuno integrar todas las movilizaciones.
Debemos evitar que nuestra gente, la que sale a la calle a defender que Cataluña ha sido, es y será siempre España, la que sale en defensa de la lengua española o mostrando su apoyo a la igualdad de derechos y remuneración de todas las policías, acabe quemada, cansada o harta con llamamientos que, por su carácter singular y puntual, no tienen el empaque y el tirón social que sí alcanza la celebración de la Fiesta Nacional de España en Barcelona.
Desde Espanya i Catalans ofrecemos que dicha festividad del 12 de octubre, tradicionalmente participada y liderada por nosotros, sea este año un momento de cohesión y concentración.
Llevamos desde hace tiempo con los preparativos y entendemos que dicho evento puede y debe concentrar esfuerzos y energías, maximizando de esa forma los resultados de las diferentes reivindicaciones.
Javier Megino

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