Seguimos esperando

No cabe duda de que, con el nombramiento del hombre de paja designado por el endiosado fugitivo, estamos realmente ante una nueva vuelta de tuerca del circo separatista. Por ello, los ciudadanos respetuosos con el Estado de Derecho y la legalidad constitucional debemos estar muy atentos a los acontecimientos, aunque muchos de nosotros, ya experimentados en estas lides, sabemos dónde vamos y de dónde venimos.

En mi caso, sin dar importancia ni perder el tiempo con la pantomima de ayer lunes en el Parlamento autonómico, con lo poco escuchado me sobraría para dar pasos adelante. Pero los que mandan y deciden, con la prudencia angustiosa y desmedida de todo buenista con sangre de horchata, parece que necesitan mucho más tiempo para verle (si quieren e interesa) las orejas al lobo.

Como decía, las cosas en la proximidad se ven mucho más claras y nos angustia la languidez por parte de los que no acaban de entender lo que está realmente pasando. Dejar transcurrir el tiempo esperando una conjunción astral divina que lo solucione, desgraciadamente, solo habilita y permite la reoxigenación del hábitat contaminado y bananero de los vividores de concesiones y subvenciones. Esa apatía decisoria es un flaco favor para lograr una sociedad con instituciones neutrales. Algo que, para los de mi generación, desconocemos al vivir desde la infancia al amparo de los designios de los camuflados en la moderación nacionalista.

En mi opinión se está tardando una eternidad en la aplicación, sin contemplaciones ni miramientos, del artículo 155. Desconozco los factores que justifican la demora en tomar decisiones serias y, a la par, los argumentos para renovar el previsible abandono de la mayoría social que siente próximo el enemigo, mal digiriendo muy a menudo el “fuego amigo”.

Pero, por si mis sospechas van en buena línea… no hay aprobación de presupuestos que justifique la vergüenza, ni amistades temporales o encuestas electorales que hagan comprensible el dar de lado a los que, por convicción y compromiso, son y serán siempre los verdaderos y fieles defensores de la libertad e igualdad de todos los españoles.

Mírenlo como quieran, tradúzcanlo a su antojo, rían las gracias “simbólicas” de estos sediciosos, dibujen los escenarios que les dé la gana, pero no hay más remedio. De una forma rigurosa e inapelable, con el bloque constitucional por bandera, han de dejar claro a toda esta retahíla de sinvergüenzas golpistas que la legalidad tiene siempre la razón y somos un país serio. No puede quedar en nada todo el desaguisado generado. Han de pagar sus actos con la Ley en la mano y debe reordenarse el reparto de responsabilidades configurando un estado fuerte, cohesionado y descentralizado administrativamente.

Espero y deseo que se dejen de monsergas y sean consecuentes para que, sin más dilación, se tomen en serio la situación apartando del poder a los que demuestran con sus actos que han perdido la cordura y vuelven al capítulo de la ruptura. No hay más tiempo que perder y debemos salir de este barrizal que nos mantiene en la cúspide del ridículo mundial. Dejen de vender humo y actúen.

Reconozcan que el tiempo no ha apaciguado el tema y tan solo nos ha devuelto a la casilla de salida. Los catalanes no nos merecemos que vayan saliendo a escena marionetas radicales y sumisas de segundo nivel, designados a dedo por quien se esconde cobardemente en su paranoica falsa democracia.

Ya toca que, por fin, se pongan los puntos sobre las íes, acabando con el uso de los medios públicos de comunicación como elementos de intoxicación de las mentes de la gente y, por ahondar en lo prioritario, dar carpetazo al adoctrinamiento escolar de nuestros jóvenes.

De mantenerse la dejadez de los que hoy aun mandan, pudiendo haber decidido con mucha más solvencia hace unos años, igual conviene que se planteen horizontes en los que sea innecesario presupuestar para campañas electorales en Cataluña, si se toman en serio los réditos y la eficiencia al asignar dichos recursos.

Confiemos en que atiendan a razones y concluyan que el mejor remedio ante el pronosticado retroceso se sustente en la defensa clara y contundente de la unidad de España. Esa sería, sin duda, la mejor campaña para su electorado.

Por Javier Megino

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