
En el ámbito universitario catalán, la presencia de violencia y coacción ideológica atribuida a grupos radicales de izquierda —o, al menos, a colectivos con tintes ‘antifascistas’ y separatistas— ha vuelto a generar preocupación durante este año 2025. Estos episodios son incompatibles con la función esencial de las universidades: ser espacios de tolerancia, debate y formación crítica.
Además del reciente escrache a S’ha Acabat! este semana, cuando miles de radicales de extrema izquierda reventaron la presencia del periodista Vito Quiles en el campus de Bellaterra, hay que recordar también los diversos escraches separatistas que esta asociación ha sufrido durante en el primer trimestre de este año en la Pompeu Fabra, con motivo de dos coloquios sobre comunicación (febrero) y feminismo (marzo).
Uno de los casos más sonados tuvo lugar en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) en abril, cuando el catedrático de Derecho Internacional Privado Rafael Arenas denunció haber recibido una carta anónima con amenazas en la que se le advertía de que no era bienvenido en la universidad. El escrito, firmado por un grupo autodenominado “las antifascistas de la UAB”, coincidió con la suspensión de un acto organizado por la asociación estudiantil constitucionalista S’ha Acabat! en la facultad de Derecho, cancelado tras la presión de sectores radicales. Este tipo de hostigamiento ideológico y censura académica supone una grave erosión de la libertad de cátedra y de expresión dentro del campus.
Otro ejemplo se produjo en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), donde en junio de 2025 la Audiencia Provincial de Barcelona condenó a cuatro estudiantes de extrema izquierda a dos años de prisión por agredir y boicotear en 2022 la carpa informativa de S’ha Acabat! durante la Feria de Asociaciones. Aunque los hechos ocurrieron hace tres años, la sentencia judicial de este año pone de relieve que el problema persiste y que la violencia ideológica sigue teniendo consecuencias en el ámbito universitario.
Estos incidentes muestran una tendencia preocupante: actos suspendidos sin justificación, amenazas contra profesores y estudiantes, pintadas ofensivas y un clima de intimidación que pretende imponer un pensamiento único en los campus. Lo que antes eran espacios de diálogo y reflexión se están convirtiendo en escenarios de presión ideológica, donde discrepar puede acarrear represalias.
La universidad, sin embargo, está concebida para lo contrario. Su razón de ser es el pluralismo, la confrontación respetuosa de ideas y la búsqueda del conocimiento a través del debate libre. Cuando la violencia —ya sea física o simbólica— se impone, el centro académico deja de ser un foro de aprendizaje y se transforma en un territorio dominado por el miedo y la censura.
El año 2025 ha demostrado que la pasividad solo agrava el problema. Si no se defiende la libertad académica frente a la coacción ideológica, las universidades catalanas corren el riesgo de convertirse en espacios sectarios y cerrados. Recuperar la universidad como foro de tolerancia y debate no es solo una cuestión institucional: es una defensa directa de la democracia y del derecho a pensar diferente. Solo así podrá garantizarse que la pluralidad siga siendo una fortaleza, y no una amenaza, dentro del mundo académico.

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.
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