Santiago Roncagliolo: “El independentismo no es más que desprecio por el resto de españoles”

Seleccionado por la revista Granta como uno de los mejores escritores en español de su generación y articulista en diarios como El País o El Comercio, Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) vive en Barcelona desde el año 2000. En esta entrevista, el autor peruano da cuenta del progresivo distanciamiento que ha experimentado con respecto de la sociedad catalana a causa del nacionalismo.

Hace un par de años alertó en un artículo de que los escritores latinoamericanos que vivían en Barcelona se estaban marchando a Madrid. ¿Sigue siendo así?

Sí, y no ha hecho más que empeorar. En Cataluña no se le tiene mucha estima a la lengua española. Y, sin embargo, es un activo que resulta insensato rechazar: es el combustible de una de las principales industrias catalanas, la editorial, y el vínculo con un mercado emergente tan destacado como América Latina. Pese a ello, la Generalitat considera a esta lengua extranjera y la mitad de la población tiene un nulo interés en ella, lo que ha provocado que Barcelona, que era una capital cultural de renombre, ya no lo sea. Todos se han ido a Madrid, donde no tienes que dar explicaciones por hablar en español. Lo hablas, sin más.

Por otra parte, la reacción de muchos nacionalistas tras leer mí artículo fue espetarme: “Lárgate a tu país”. Insulto que nadie antes me había dirigido, y que tampoco ha utilizado nadie del PP cuando los critico. A nadie se le ocurre afirmar algo así fuera del nacionalismo. Me dolió tener que pedir permiso para hablar de la comunidad en la que llevo doce años, en la que he criado a mis hijos y en la que pago mis impuestos. Lo peor es que, más tarde, comprobé que no solo yo no era suficientemente catalán para opinar del asunto, sino que muchos nacidos aquí tampoco lo eran. Y, ahora, como se ha visto, ni los europeos son suficientemente europeos para ellos. Debería alarmar más el supremacismo étnico que destila ese discurso.

Y, tras la fractura originada por el procés, ¿no ha sentido tentaciones de marcharse usted también?

Yo me habría ido hace mucho tiempo, pero tengo aquí a mis hijos, a mi mujer. Mi trabajo sí se ha ido. Además de la escritura, me dedico a proyectos editoriales en otros países. Esto me obliga a viajar con frecuencia, con lo que no puedo sacar a mis hijos del colegio y pedirle a mi esposa que abandone su trabajo para luego estar viajando la mitad del tiempo. En la práctica, he conseguido que mi ocupación laboral y mi cabeza estén fuera. Así, mi entorno es cada vez más extranjero, porque era muy difícil convivir con amigos que, o bien me decían que no estaba ocurriendo lo que estaba ocurriendo, o bien se alegraban de que toda esa gente que no deseaba la republica que estaban construyendo se marchase, resolviendo que los catalanes de verdad fundarían su nuevo país sin ellos –que éramos nosotros–.

En aquel artículo, también señalaba que la “protección  del catalán”, antes admirada, ha pasado a convertirse en un esfuerzo por “borrar al otro”.

En realidad, no creo que podamos hablar de “protección del catalán”, porque es evidente que éste se podría proteger sin discriminar al castellano. Ambos idiomas se pueden conjugar sin problema. Precisamente, el éxito de Cataluña residía en su carácter bilingüe, y es increíble tener que discutir con gente que pretende dejar de serlo. Pero todo se debe que se concibe la lengua y la identidad de forma excluyente. En una ocasión, un amigo me contó que había pedido una subvención para un proyecto cultural en español y la Generalitat le respondió que no sufragaban iniciativas en ese idioma, de la misma manera que en Estados Unidos no se subvencionaba a la lengua de los apaches.

Tras más de una década viviendo en Barcelona, ¿le sorprendieron las multitudinarias manifestaciones a favor de la unidad?

Sí lo hicieron. Fue un instante bonito porque sentí que no estaba solo. Después de años tratando de escabullirme de ciertos sitios, personas y conversaciones, acabé descubriendo que algunas personas que conocía se encontraban en esas marchas y pensaban lo mismo que yo. Y todos estábamos igual de sorprendidos, siendo yo peruano y ellos españoles, de desfilar debajo de una bandera española. ¡Quién nos lo iba a decir! Sin embargo, en este momento, esta bandera es la que te garantiza disponer de tu vida en libertad.

Ha sostenido que un “nacionalista es como una tortuga asustada”.

Los nacionalistas son así porque el miedo les obliga a encerrarse en sí mismos. Durante años, aseguraban que las empresas no se iban a ir de Cataluña, pero no hacía falta tener un doctorado en Economía para adivinar lo que, finalmente, ha acabado ocurriendo. Los independentistas hablan con los de su cuerda, se convencen de sus argumentos y hostilizan a cualquiera que afirme algo diferente. En mi opinión, uno de los principales problemas del nacionalismo es que te impide diagnosticar con acierto lo que te rodea y, por tanto, solventar cualquier dificultad. Esta incapacidad es perjudicial para todos, incluyendo a los propios nacionalistas. Si partes de la idea de que eres superior, tendrás que enfrentarte al hecho de que el resto del mundo no cree que seas superior.

En el pasado, llegó a trabajar como asesor político. ¿Qué le aconsejaría a Puigdemont, que pretende ser investido por Skype?

Le aconsejaría que se quedase en sentado en su sillón, abriese su Skype y su Facebook, y no se moviese de allí. No tengo ningún problema en que no regrese. Seguro que todo mejoraría si lo viésemos solo por Skype. Estoy totalmente a favor de su investidura a distancia y de todo lo que desee hacer a distancia.

¿Y a Rajoy?

Darle un consejo a Rajoy es inútil porque no lo escucharía: hacerlo significaría hacer algo. En cualquier caso, le recomendaría que se cuidase más de Ciudadanos que del nacionalismo. Porque el nacionalismo le ha dado votos. El presidente acertó al considerar, al contrario que Podemos, que los secesionistas se estrellarían solos contra su propia imposibilidad, y que no alcanzarían el 50% de los votos; es decir, una masa crítica capaz de romper la baraja. No obstante, no se dio cuenta de que su pasividad e ineptitud serían aprovechadas por Ciudadanos para presentarse como un partido más enérgico, joven y dinámico. El nacionalismo carece de fuerza por su falta de acuerdos internos, y solo seguirá dando vueltas en torno al vacío. Pero Ciudadanos se ha fortalecido en toda España. No hay mayor amenaza para Rajoy que esa.

Recientemente, el líder de la CUP, Carles Riera, ha admitido que en su partido “hay gente que defiende la lucha armada”. ¿Cómo valora ese hecho usted, que ha escrito con profusión sobre el terrorismo de Sendero Luminoso?

Una frivolidad peligrosa. Una lucha armada nacionalista es un terrorismo identitario, no una lucha liberadora. Justo ahora he regresado de Perú, donde periodistas y políticos coinciden en que el indulto a Fujimori ha desencadenado una profunda crisis política. Y, sin embargo, aquella crisis es un picnic comparada con ésta. Después de cinco años con el gobierno paralizado, que surgiese un movimiento violento en Cataluña solo engendraría más violencia, división y ruina económica.

De todos modos, todo lo que se aprecia en el tablero actual es perjudicial principalmente para Cataluña. A Madrid no se le inflige ningún daño, encantada de acoger la industria económica y cultural que huye de aquí, sino que se le ocasiona a los catalanes, que ven mermada su capacidad de ser felices en un lugar antaño acogedor y maravilloso. Las dos capitales son ahora antagónicas. En Madrid a nadie le importa de dónde eres; en Barcelona, solo importa de dónde eres.

El jefe de informativos de TV3 niega que en el canal catalán haya un sesgo a favor de la independencia, y sostiene que éste se parece más a la BBC que las cadenas españolas. ¿Está de acuerdo?

Hace mucho tiempo que no veo TV3. Cuando lo hacía, siempre tenía la sensación de que invertían toda su energía en configurar una única catalanidad, estrecha y limitada. Por el contrario, cuando veía las noticias de otros canales, más de allá de estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que me contaban, percibía que me hablaban del mundo exterior, de un universo más amplio. De esta forma, sin proponérmelo, fui dejando de ver TV3. Pero no porque discrepase de su línea editorial, sino porque inconscientemente necesitaba mayor amplitud.

Si uno de los argumentos para defender la independencia fue el célebre “España nos roba”, ¿por qué el secesionismo apenas está prestando atención a la fuga de empresas?

Porque ese lema no fue más que un pretexto. Había que otorgarle razones a los sentimientos, pero siempre fueron sentimientos, no razones. Ese eslogan resultó útil para movilizar a la gente, pero el sentimiento que latía debajo siempre fue el desprecio por el resto de españoles. Nada más que eso. La idea subyacente era que todos los problemas eran por culpa de España y que, por tanto, estos se resolverían estando fuera de ella. El resto de argumentos son solo maneras de canalizar ese sentimiento sin que suene tan reaccionario. Por otro lado, es muy peligroso dejar que la política la dicten los sentimientos, pues estos, al contrario que las razones, no se negocian.

¿Qué opina del fenómeno Tabarnia?

¡Me apunto! Sin ninguna duda. Me parece una joya de la inteligencia y del humor político; una muestra de que mediante el humor puedes revelar lo absurdo de los argumentos de tu rival. Necesitamos más humor en esta guerra para que sea menos guerra. Y que las discusiones contengan más ingenio y creatividad para renovar la mirada sobre un conflicto tan enquistado. Si el movimiento se vuelve serio, votaré por ellos.

 

 

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
Si quieres leer nuestras noticias necesitamos tu apoyo.

DONA

Recibe las noticias de elCatalán.es en tu correo