Es más que obvio que Carles Puigdemont y su entorno dominan la tragicomedia como nadie. Para ponernos en contexto debemos explicar que el término “tragicomedia” fue acuñado (dicen porque yo no estaba allí) por el dramaturgo romano Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.), para referirse a cierto tipo de obras teatrales en que se invertían los roles tradicionales de dioses y hombres, o de amos y esclavos, generando así un efecto burlesco en la caída de los dioses y los amos, y dotando a los esclavos de una dignidad trágica.
Estoy seguro que Carles Puigdemont ha tenido tanto tiempo libre en los seis años y pico de retiro espiritual en Waterloo que se ha leído las obras de los griegos clásicos o de los italianos del renacimiento a docenas. Porque las de los grandes maestros españoles Miguel de Cervantes como exponente de la dramaturgia narrativa, o Lope de Vega como gran renovador del teatro nacional y la comedia, se le podrían atragantar al tener mala traducción para un catalán autoexiliado y son de obligada lectura (¡vade retro!) en castellano. La cuestión es que rebosa tragicomedia en todo su cuerpo y, especialmente, en su peinado de estos últimos días.
En cualquier caso, la machada del viernes 15 de marzo (aquí salimos a machada por día desde que Aragonés tuvo la osadía de convocar elecciones catalanas sin el permiso del “huidizo”) la ha soltado el abogado del ex en Rac1. Para los ajenos al show catalán les explicaré que esa emisora de radio es la más seguida en Cataluña actualmente y sirve de altavoz del independentismo con el dinero del Conde de Godó y las subvenciones publicitarias de la Generalitat y demás corporaciones que pagamos usted y yo con nuestros impuestos.
Sigo, que enseguida me pierdo. Gonzalo Boye ha manifestado en dicha emisora, literalmente, el siguiente título de su próxima obra tragicómica: «Puigdemont está dispuesto a regresar y que lo detengan, pero no podrán impedir que sea presidente«. Continúa afirmando el abogado Boye que «se ha creado todo el entramado jurídico para que Puigdemont pueda regresar en los términos que él decida». Es decir, que va a volver, que quiere que le arresten, le metan en prisión y le caiga “la del pulpo” los segundos justos para que los jueces se acongojen y le pongan en libertad atendiendo a la Ley de Amnistía pactada con los socialistas.
Realmente las manifestaciones de abogado del expresident tienen su absoluta lógica, sobre todo cuando el propio Puigdemont manifestó el otro día que nadie le impedirá ser President de la Generalitat y estar presente en la jornada de “su” investidura. Muy seguros deben andar su abogado y el que huyó metido en un maletero para volver y jugarse el tipo. Porque, en buena lógica y si las matemáticas no fallan, la ley que le autoamnistía estará “parada” alrededor de dos meses en el Senado y de ahí saltarán hacia el Supremo, el Constitucional y el Tribunal de Justicia Europeo, lo que puede significar otro par de meses más de demora siendo muy optimistas. Al margen que no creemos que el juez Llarena retire la orden de detención hasta una confirmación “en firme” de la puesta en vigor de la nueva ley, lo que sería la única forma de circular por nuestro país libremente.
¿Qué busca Puigdemont con todo esto?
Primero despistar a sus rivales electorales directos (ERC) y a los otros menos directos, pero igual de rivales porque le van a restar bastantes votos (Silvia Orriols y su Aliança Nacional, sus exaliados de la ANC, el chiringuito de Clara Ponsatí, la CUP y los que surjan) haciendo creer que va a ser él la cabeza de cartel y candidato a la Presidencia de la Generalitat Catalana por Junts. Pero, ¿y si deja de parecerlo y lo es de verdad? Entonces necesitará de todo el ruido mediático posible y no hay mejor forma de hacerlo que reeditar la foto de Companys tras los barrotes de la cárcel para que el Gran Puigdemont deje de ser un cobarde cruzafronteras, como le llaman algunos de sus examigos de declaración de independencia, y pase a la historia como “el gran héroe de la gran nación catalana”. Eso sí, no acabaría como Companys, por supuesto.
Puigdemont sería el preso y mártir más mediático de la Historia Contemporánea española y tendría el honor de ser investido por el Abad de Montserrat, con el oportuno visto bueno del papa de las causas injustas, como Sant Puigdemont de todos los Santos, preso y mártir.
Que Dios nos coja confesados si esto ocurriera, hermanos. Aunque siempre existe una esperanza: no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Gracias Illa. Gracias Sánchez. Gracias PSOE y PSC por vuestra vuestro “regalito”. Siempre os quedará Venezuela y muchos maleteros donde esconderos.
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