No deja de ser curioso escuchar al todavía presidente en España, con sus vehementes argumentos en defensa de la legalidad y legitimidad refiriéndose a la actuación de Trump en Venezuela, cuando coinciden sus proclamas de embaucador titiritero con su propio comportamiento chulesco contrario a toda lógica.
Al inquilino de Moncloa le hemos visto reunido de modo apresurado y dándole una coba desproporcionada, exigiendo lo que no cumple, con uno de los chupasangres que le permiten seguir disfrutando de su deseado poder, como es el inhabilitado Junqueras.
Su encuentro engalanado, con una persona que no puede ejercer cargo público y que no debería pintar nada en la política al menos hasta 2031 a tenor de las sentencias judiciales, ha servido para ahondar en ese contubernio de destrucción de España que es el principal objetivo común de los separatistas y el sanchismo.
El separatismo disfruta al máximo de este momento histórico en el que la gobernabilidad de España está manos de un necesitado de poder carente de principios, al que le vale todo con tal de sostener a un Gobierno miserable que pasará a la historia negra de nuestro país y, esperemos, tendrá que pasar factura ante los tribunales por todas sus fechorías.
Con el caladero extremeño ya dibujando un nuevo futuro apartado de la vergüenza sanchista, pronto veremos a los aragoneses limpiando su porquería y dando continuidad a una etapa depurativa que ya parece imparable.
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