Pedro Sánchez despega de nuevo hacia China este fin de semana. Es su cuarta visita consecutiva desde 2023. Una insistencia que levanta sospechas sobre sus prioridades en política exterior. De hecho, el PSOE y el PSC han dado un giro preocupante a la política exterior española y han estrechado sus lazos con la sanguinaria dictadura china.
Por ejemplo, los responsables de un ente dependiente del Gobierno, el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona – Pere Navarro y Blanca Sorigué – son dos defensores de estrechar lazos económicos con este país. Navarro fue primer secretario de los socialistas catalanes. Una empresa que depende del Gobierno dictatorial chino, Chery, está instalada en los terrenos del Consorcio.
El líder del PSOE busca una nueva foto con el dictador Xi Jinping. Poco importa que el régimen comunista mantenga una tensión creciente con nuestros aliados occidentales. Sánchez prefiere cultivar su agenda personal en el país asiático.
La Moncloa insiste en vender estos viajes como misiones diplomáticas de alto nivel. Sin embargo, la realidad es mucho más tozuda que la propaganda oficial. Las relaciones con el gigante asiático siguen siendo profundamente desiguales para España.
En 2023, Sánchez justificó su primer desplazamiento con el aniversario de las relaciones bilaterales. Habló de «renovar vínculos» en un mundo cambiante. Desde entonces, ha convertido la visita anual a Pekín en una rutina de dudosa utilidad.
El Gobierno reconoce que busca un «mayor equilibrio» en los intercambios económicos. Es la misma excusa utilizada año tras año. Los resultados, a la vista de los datos, son prácticamente inexistentes para nuestras empresas.
España sigue comprando mucho más de lo que vende a la potencia comunista. El déficit comercial es una herida abierta que Sánchez no logra cerrar. Su estrategia de «buena relación» no se traduce en beneficios tangibles para el tejido productivo español. Resulta alarmante la sintonía del PSOE con un sistema que desafía la hegemonía de las democracias liberales. Mientras Estados Unidos marca distancias, Sánchez se empeña en estrechar lazos con Pekín de forma obsesiva.
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