A este paso tendré que pedirle al admirado Sergio Fidalgo que me deje publicar en estas santas páginas novelas por entregas, como las de Alejandro Dumas. Sólo que son novelas de no-ficción, que narran hechos reales (y dolorosos) como la vida misma. No hace tanto que el querido lector de ElCatalan.es ya pudo asomarse en estas páginas a la asombrosa peripecia de una protesta de los deudos de los fallecidos en la residencia geriátrica de ca n’Amell en Premià de Mar, protesta a la que esta diputada y además periodista y persona humana con sangre en las venas asistió, y que en el TN de TV3 se convirtió en algo completamente distinto.
Donde los familiares de los fallecidos por la mala gestión de las residencias durante la Covid pedían justicia a gritos (“Junts, ERC i PSC, de què teniu por? Volem una comissió d’investigació?”), TV3, que tomó imágenes de lejos pero se cuidó muy mucho de sacar declaraciones de nadie, sólo vio un leve desacuerdo con que el Parlament delibere a puerta cerrada o abierta. Los detalles, aquí: TV3 no es verdad | El Catalán (elcatalan.es).
Bueno, pues seguimos para bingo. Este miércoles se reunió la comisión de Derechos Sociales en el Parlament para votar, entre otras cosas, la petición de mi partido, Ciutadans, de que comparezcan el exconsejero Homrani, todo su equipo y también su sucesora, Violant Cervera, para dar explicaciones de este triste, muy triste asunto que Junts, ERC y PSC no creen merecedor de una comisión de investigación (¿a lo mejor si decimos que los abuelos fallecidos fueron “espiados” por el CNI les convencemos?…), y que pretenden despachar con un triste “grup de treball” cuyo impacto real va a ser comparable a la reunión de una comunidad de vecinos o de un club de petanca. No crean que exagero: la diferencia entre una comisión de investigación y un “grup de treball” es que si les citas y no quieren venir, pues no vienen. Y no les pasa nada.
Ante esto, nosotros a lo nuestro: exigir que comparezcan los responsables ante la comisión de Derechos Sociales, por lo menos. Para mi pasmo, perdimos media mañana en estériles y vergonzosos debates en la susodicha comisión, porque los partidarios del silencio pretendían supeditar su voto a favor de estas comparecencias a que fueran en el dichoso “grup de treball”, vamos, en el limbo… Yo no me podía creer que perdiéramos horas enteras de trabajo parlamentario no exactamente no haciendo nada esta vez, más bien deshaciendo todo. Faltando a la más elemental decencia hacia la gente.
Cuando por fin pude tomar la palabra, anuncié que en Ciutadans no íbamos a aflojar lo más mínimo ni a ceder a los cantos de sirena para aceptar que los responsables del residenciasgate se libraran de comparecer, por lo menos, ante una comisión parlamentaria, así no sea técnicamente de investigación. En cuanto la presidenta de la comisión, la socialista Mónica Ríos, se olió la tostada de mis intenciones y la carga de indignación que pensaba poner en mi discurso, por todos los medios intentó que me callara. Según ella no venía a cuento denunciar la ley del silencio y llamar a las cosas por su nombre.
En el vídeo que ha quedado grabado de la sesión se ve como yo me peleo por hablar y como la presidenta pelea para que me calle. Todavía humeaba el hemiciclo por la vergonzosa expulsión de nuestro magnifico diputado por Tarragona, Matías Alonso, a quien Laura Borràs quiso arrojar a los leones por acusarla de hacer lo que estaba haciendo: abusar y mentir. Yo no sé si la presidenta de la comisión de Derechos Sociales es mejor persona que Borràs o simplemente no sabía cómo cortarme el micro. El caso es que no me callé pero me tuve que romper la cara para conseguir pues eso, que Homrani, su equipo y Cervera, vengan a darla. La cara, digo.
Fue un momento sumamente tenso y desagradable, créanme que a mí no me gusta nada pelearme, aunque no lo rehúyo si creo que es menester. Una cosa buena: la crudeza del choque hizo reaccionar als Comuns, que habían presentado con nosotros la petición de comisión de investigación, a la CUP y a Vox, que votaron a favor, y hasta al grupo socialista, que creo que en el fragor de la batalla abrió una vía de agua en su por otro lado granítica alianza con los independentistas para tapar estas vergüenzas. Del PP nada digo porque no estaba. No van casi nunca a ninguna comisión.
Miren, yo sé que Ciutadans solo no puede cambiar Cataluña ni arreglar el mundo. Pero está claro que sin Ciutadans no se puede. Alguien tiene que haber que no cambie cromos, alguien que no tenga nada que perder poniendo pie en pared. El empeño de los deudos de los fallecidos por mantenerse firmes merecía por lo menos esto: romperse la cara para que los responsables den la cara. Costó, pero se ha conseguido. Seguimos.
Anna Grau es diputada de Cs en el Parlament
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















