Rendirse no es una opción

Cuando me levanté el miércoles supe que había llegado el día. Estaba inquieta. Intuía que iba a vivir un día difícil, pero histórico. Salí de Cerdanyola, junto a mi compañera de agrupación Laura, con mucha antelación. No quería llegar tarde. Entramos en el Parlament de Catalunya. Estaba lleno de cámaras, con medios informativos de todo el país e incluso de fuera, los pasillos mucho más transitados que de costumbre. Se palpaba la tensión.

Y empezó… Los miembros de la Mesa se acomodaron. Semblantes de preocupación en los representantes independentistas y una Presidenta mucho más nerviosa de lo habitual. La opacidad de los políticos separatistas, que representan a menos catalanes que los de la oposición, hizo que ninguno de los diputados que no fuéramos ni de JxS ni de la CUP supiéramos cuándo iba a empezar el espectáculo. Y empezó pronto.

La portavoz de JxS solicitó la palabra y con ella la alteración del orden del día para introducir la ley separatista del referéndum. Todos los grupos de la oposición pedimos turno para solicitar a la Mesa que hiciese una reconsideración. Aquello no era lo previsto por el Govern y la Presidenta de la Mesa, que actúa al dictado de Puigdemont y Junqueras, sabía que lo que estaba haciendo era ilegal y que podía tener consecuencias graves para todos y también para ella.

Utilizó todas las vías posibles para silenciar la palabra de los grupos de la oposición. Llegamos a situaciones inverosímiles sólo vistas en países en donde ha sido burlada la democracia, como cuando el Vicepresidente segundo de la Mesa, el Sr. Espejo, pidió la palabra y se le negó. No fue el único. También la pidió el diputado socialista Ferran Pedret y se le obvió, al igual que a diputados del PP, ante la estupefacción de toda la parte derecha del hemiciclo. No dábamos crédito. ¿De verdad una Presidenta de un parlamento democrático negaba la palabra a un miembro de la Mesa? ¿De verdad la Presidenta no dejaba leer al diputado que lo solicitó, el Sr. Carrizosa, un párrafo del dictamen del Consell de Garanties Estatutàries? Sí, era verdad; no querían que se les recordase una vez más la ilegalidad de sus hechos.

Pensé en toda la gente que nos estaba viendo y sentí vergüenza ajena, mucha vergüenza; de un comportamiento impropio de los más altos representantes de los ciudadanos catalanes que hoy nos gobiernan.

Dentro, la imagen fue lamentable y de un gran descontrol. Veíamos cómo por una parte crecía la indignación entre los grupos de la oposición que sentíamos la impotencia de ver arrollados nuestros derechos y, en consecuencia, los de las personas que nos habían votado.

Por otra parte, crecía el desasosiego, la confusión y el extravío de un gobierno que no esperaba que la oposición se defendiese. Al final, se convocó la Mesa y la Junta de Portavoces. Todos salimos hasta que finalizó la deliberación.

Vuelta al Pleno y varias reconsideraciones más hasta que se votó una ley que fue aprobada por dos grupos parlamentarios que no tienen mayoría social. Una ley esperpéntica que nace muerta porque contradice la Constitución, el Estatut e incluso el criterio de los letrados del Parlament. La dignidad, no sólo mía sino de las personas que represento, la manifestamos en mi grupo parlamentario saliendo del hemiciclo sin participar en aquel circo en el que se había convertido una institución tan respetable como siempre ha sido el Parlament de Catalunya.

El miércoles salimos de allí a altas horas de la madrugada, lloviendo, con la tristeza del que sabe que se ha cometido un atropello a la democracia y a los derechos por los que nuestros padres y abuelos lucharon tanto tiempo. Pensé en mi padre, en tantas manifestaciones hechas para que su hija tuviese un futuro mejor. Y en mi madre, que no pudo ir al colegio, pero sí tuvo la valentía de emigrar sola desde un pueblo andaluz hasta Barcelona, con su hija en brazos para “que la niña pudiese estudiar”. Y ahora, ¿qué futuro les dejo yo a mis hijos, a mis nietos?

Al día siguiente aún quedaba el remate de aquel despropósito. Volvimos a vivir la misma situación con la aprobación de la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República. El final ya lo saben.

Pero miren, hay momentos que nunca podré olvidar:

• La actitud soberbia y déspota de unos miembros del gobierno de la Generalitat, de su portavoz y de algunos de sus diputados despojandose de sus caretas, las que muestran cuando dicen que son demócratas y persiguen la libertad, cuando en realidad han abandonado la consecución por vías democráticas de sus objetivos.

• La falta de respeto de la diputada de Podemos, quitando unas banderas españolas que no le pertenecían y que representaban a miles y miles de catalanes.

• El orgullo que sentí por el ingente trabajo que Inés Arrimadas realizó atendiendo medios, preparando intervenciones y defendiendo nuestra postura a pesar de la dificultad agotadora del momento, sin olvidar la labor infatigable que tanto José Mª Espejo como Carlos Carrizosa realizaron en las reuniones con la Mesa y en Junta de Portavoces, durante horas y horas. No se vió, no, pero ese arduo trabajo fue una de las más importantes luchas por nuestros derechos que se hayan dado en los últimos años.

• La calma, el respeto y el estar a la altura de las circunstancias que demostramos los partidos de la oposición, uniéndonos en situaciones tan trascendentales, y que fue escenificado en el momento mágico y espontáneo que nos llevó a levantarnos todos a aplaudir la intervención del portavoz Coscubiela.

Qué no nos engañen. No hay democracia saltándose las leyes. ¿Con que autoridad nos pueden exigir los representantes de un Parlament que acatemos sus normas, si ellos previamente han eludido otras?

Nos esperan días duros, complicados, con frustraciones difíciles de gestionar, pero es necesario mantener la calma, la prudencia, la unión y no implicarnos en actos ilegales dándoles una legitimidad que de por sí no tienen. Debemos recuperar la dignidad de las instituciones y actuar con la serenidad del que sabe que respetando las leyes podremos vencer el despropósito, sin dejarnos avasallar; porque en estos días que se avecinan realmente rendirse no es una opción.

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