Esto ya pasa de castaño oscuro. La diputada de la CUP, Eulàlia Reguant, desde la tribuna del Parlamento catalán, ha demostrado una vez más su insolvencia intelectual y su escasa calidad humana. Ha justificado y aplaudido la actitud violenta y agresiva del grupo de estudiantes que destrozaron la carpa del S’ha Acabat.
La diputada cupera, tras autodefinirse como antifascista perpetua, ha jaleado la acción de los violentos, al tiempo que ha tildado de fascistas a algunos partidos democráticos con representación parlamentaria. La actitud de esta señora, eternamente exaltada y visceral, no es un hecho que podamos considerar aislado. Forma parte de ese pensamiento único antidemocrático que anida en nuestras universidades, consistente en odiar todo lo que no es ‘nacionalmente’ correcto.
Recientemente la vicerrectora de la UPC, Núria Pla -felizmente dimitida- instaba a quemar contenedores y colapsar aeropuertos. Hoy la consellera de Universidades del Govern que preside Aragonès, Gemma Geis, calla ante los ignominiosos altercados de la UAB. Esta consellera, talibana independentista como el que más, es experta -como la Reguant- en etiquetar de fascista a todos los que no son de su cuerda. Insisto, esto ya pasa de castaño oscuro y debe ser denunciado sin tapujos ni medias tintas por todo aquel que se sienta demócrata.
Ya no vale ponerse de perfil por mucha Mesa de Dialogo que se este gestando. En las palabras de la diputada, y en los silencios de la consellera, se incuba el huevo de una venenosa serpiente.
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