¿Qué quiere decir un referéndum con garantías democráticas? (1)

¿Argumento o subterfugio?

Entre algunos políticos y personajes mediáticos parece que el referéndum del 1-O no cumple con los criterios exigibles para considerarlo democrático. Y algunos claman, candorosamente, que ¡este no!, pero que otro que si contenga las garantías necesarias habrá que hacerlo. Primero habría que preguntarse si realmente es obligatorio hacerlo y porqué, y segundo, en todo caso, cuales son las condiciones que hoy en día darían garantías democráticas a tan eventual referéndum.

Sobre la necesidad de realizar un referéndum de autodeterminación habría mucho que discutir ya que Cataluña no está considerada internacionalmente como una colonia, ni esta ocupada militarmente, ni su cultura está perseguida, ni carece de autogobierno dentro de un estado social y de derecho, que es España, ni sus riquezas están en mano de “colonos” usurpadores.

No hay persecución a la minoría catalano-hablante (la exclusión institucional del castellano no puede considerarse un agravio a una minoría ya que los castellano-hablantes son mayoría, cosa mucho más preocupante y más grave por otro lado e ignorado y soslayado por todos los partidos) Las discriminaciones sociales, económicas y políticas que padecen los catalanes no son muy distintas a las del resto de los españoles y eso es debido, por un lado, al sistema neoliberal en que vivimos y, por otro, a que en Cataluña el gobierno de JxSí es de derechas igual que el gobierno del PP, adalides ambos de los peores recortes sociales de nuestra historia reciente.

El buenismo en las declaraciones de esos personajes públicos llamando al dialogo me recuerda a Gemma Nierga en el funeral de Lluc diciendo aquello de que “ustedes que pueden, dialoguen” con el cadáver aun caliente del asesinado por ETA, con la amenaza de las pistolas. Los “diálogos de sordos”, de sordos voluntarios habría que añadir, para actualizar la frase, no conducen a nada. Es complicado dialogar cuando te apuntan con la pistola de la secesión apuntando a la cabeza.

De derrota en derrota hasta la victoria final

Lo que parece claro es que la clase política española parece aceptar como máxima la idea de un inevitable referéndum, lo que supone en la practica que, aunque el 1-O no haya referéndum, el secesionismo, con su derrota, ha vuelto a conquistar otro pequeño territorio en la batalla. Aceptar que transcurrido el 1-O hay que sentarse a negociar es aceptar que Cataluña tiene soberanía y que esta está representada por el secesionismo, a pesar de que representan tan solo a un tercio de la población. Como siempre los no nacionalistas quedaremos excluidos de ese, llamémosle entrecomilladamente, “dialogo”. Y lo más grave aun que tal negociación se dé de igual a igual, como si de entes similares se tratara. Es como cuando al niño que monta un berrinche se le premia tras el mismo con un caramelo; a partir de entonces ya sabe como conseguir caramelos y al final se comerá toda la bolsa, que por supuesto no piensa compartir con sus hermanos.

Pasos para hacer un referéndum de secesión en Cataluña con garantías democráticas

Cataluña según las leyes de la ONU no tiene derecho a la autodeterminación -en su sentido externo, ya lo explique en otros artículos– tampoco lo contempla la legislación europea y para nada la Constitución Española. Por supuesto en el Estatuto de Cataluña ni se menciona.

Pero en puridad y en democracia nada es imposible siempre y cuando nos atengamos a la ley. Es lo que dijo la “Comisión de Venecia”: Para hacer un referéndum hay que hacerlo de acuerdo con las leyes vigentes, también dijo que es necesario dejar pasar un año entre la fecha de convocatoria y la ejecución del referéndum, así como la necesaria neutralidad de las instituciones, garantizar la presencia mediática de todas las opciones y resto de garantías propias de un sistema de democracia formal. Pero es necesario remarcar lo más importante: Hacerlo conforme a la ley.

Es decir que para hacer un referéndum en Cataluña sobre su segregación hay que modificar la Constitución Española donde se especifique claramente ese derecho. Y eso es reconocer la realidad: la soberanía en España corresponde a todos sus ciudadanos. De ellos depende que se cambie o trocee la misma. No estoy diciendo que yo esté de acuerdo con esa solución, al contrario. Ninguna constitución de nuestro entorno reconoce tal posibilidad y todas, de una manera u otra, remarcan la indivisibilidad del estado o dicho de otra manera no reconocen ni el derecho de secesión ni de autodeterminación a ninguna parte de su territorio. Y si no se reconoce la posible división de una parte como se va a permitir “consultar” solo a la parte.

Vicente Serrano. Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista

Autor del “El valor real del voto” Ed. El Viejo Topo. 2016

 

 

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