El huidizo ZP, que ha priorizado su ocultación durante estos tiempos de espera mientras seguimos pendientes de saber la pena que le supondrá su comportamiento, apareció el jueves en la televisión controlada por el sanchismo. Una comparecencia interesada y teatral con el claro objetivo de intentar lavar su imagen y, por supuesto, ayudar al angustiado presidente del Gobierno. No debe ser fácil digerir una situación que le ubica en el centro de tantos frentes corruptos y va perfilando el señalamiento del gran inductor de la estrategia definida en las que fueron unas provechosas jornadas de reflexión.
La entrevista, evidentemente pactada, guiada y bajo la supervisión de los afines, es otro ejemplo más de la servidumbre de un canal de televisión que pagamos todos y solo sirve para dar rienda suelta a la propaganda y mentira de los que creen que vivimos en otra Venezuela chavista. Estando como está este Gobierno tan necesitado de oxígeno, los estrategas de Ferraz habrán pensado que la aparición de Zapatero en la televisión pública les iba a servir para mitigar los estragos de esta fase terminal de la actual legislatura.
Pero, realmente, solo se pudo ver a un pobre hombre acabado. Un político que ha llevado su fanatismo al límite, acompañando a regímenes dictatoriales mientras hacía caja, que es muy consciente de que le va a caer la del pulpo tras ver como va saliendo la verdad de boca de su examigo Julio. Ante este escenario de futuro tan oscuro, no le queda otra que enrocarse dando rienda suelta a la negación y los “nuncajamases”, aplicando esa vehemencia teatralizada que ya sabemos interpretar. Se une, con su defensa basada en la negación a ultranza, en esa pauta que se ha convertido en norma y supone el plan de escape argumental utilizado en toda aparición pública de los involucrados en la avalancha de casos de corrupción que vienen de la mano de Sánchez y del sanchismo.
La intoxicación de las instituciones y del sistema, por parte de los impresentables que nos gobiernan, exige una necesaria y rigurosa depuración. El que venga, tras esta fase negacionista de la verdad y esperemos que oportunamente acompañado para hacer creíble la exigente aplicación de tal posibilidad, deberá aplicarse el cuento con absoluta prioridad, devolviendo la credibilidad en el sistema y dando sentido de Estado a las instituciones que hoy son de partido.
El discurso del “nuncajamás” siempre me ha parecido el más evidente para acabar demostrando justo lo contrario de lo que se pretende, pero, de momento, dejemos que disfruten de su refugio estival en esa televisión pública al servicio del sanchismo. La verdad saldrá tarde o temprano, y, con grandes opciones de acierto, me temo que no será la que publicita la tele del Régimen.
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