En una jugada con claro trasfondo ideológico, el Gobierno de España, con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña – instituciones gobernadas por los socialistas – ha aprobado la reconversión de la comisaría de la Policía Nacional en Vía Layetana en un “espacio de memoria democrática”.
La propuesta, avalada por sectores separatistas y sus compañeros de viaje – PSC y Comunes -, busca resignificar un edificio histórico asociado a la represión franquista. Pero tras esta aparente apuesta por la memoria, se esconde una intención política mucho menos noble: desacreditar el papel de las fuerzas de seguridad del Estado y reescribir la historia a medida.
La comisaría de Vía Laietana no es solo un edificio. Es un símbolo del Estado de derecho, de la continuidad institucional y de la defensa de la legalidad democrática frente a múltiples amenazas. Desde la Transición, la Policía Nacional ha desempeñado su labor allí con profesionalidad y respeto por los derechos fundamentales. Usar su pasado franquista como argumento para expulsarla del centro de Barcelona no solo es injusto: es una forma de manipular la historia para fines partidistas.
Lo que se presenta como un ejercicio de “memoria democrática” parece más bien una operación de desgaste institucional. No se trata de recordar a las víctimas del franquismo, sino de socavar la legitimidad de las fuerzas del orden, especialmente en un contexto donde el independentismo sigue tratando de deslegitimar la acción del Estado en Cataluña. La Policía Nacional no es heredera de la represión, sino garante de los derechos y libertades en una democracia consolidada.
Mientras tanto, la labor diaria de la Policía Nacional en la ciudad continúa con eficacia y discreción. Control de documentación, lucha contra el crimen organizado, protección de infraestructuras críticas… Funciones que muchos ciudadanos valoran, aunque no siempre tengan visibilidad mediática. El intento de convertir su sede central en un museo del horror no hace justicia al trabajo honesto de miles de agentes.
Es importante recordar que la comisaría actual no es la de hace 50 años. Ni las personas que trabajan allí, ni los métodos, ni los principios son los mismos. Convertir el edificio en un memorial mientras aún funciona como comisaría no es un homenaje a las víctimas, sino una incoherencia diseñada para provocar. O se hace con seriedad, o se cae en el espectáculo.
Lo paradójico es que quienes más claman por la “memoria democrática” son, muchas veces, los mismos que guardan silencio ante vulneraciones de derechos en regímenes afines o minimizan episodios violentos del independentismo. La memoria no puede ser selectiva, ni convertirse en un arma arrojadiza contra quienes cumplen la ley.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















