Previsible

Os traslado mi opinión respecto de los acontecimientos que son cabecera de todos los noticiarios, aunque considero que conviene un matiz clarificador previo, al tratar el tema de la difusión de noticias afectas a la situación en Cataluña.

Para disponer de información creíble y objetiva os aconsejo tengáis presente el diferenciar la política comunicativa de la mayoría de medios nacionales, cada cual con su enfoque, frente a la visión retrógrada, subjetiva y parcial de los que deberían estar intervenidos por el artículo 155.

Estos últimos fundamentan su mensaje en la incitación al odio, la movilización de masas abducidas, la mentira, el adoctrinamiento, la tergiversación o, como les gusta decir ahora, el reparto generalizado de “sonrisas”. Hago hincapié en que es fundamental discernir entre unos (más o menos serios) y otros (bufones serviles) para poder sacar conclusiones válidas y racionales.

Estoy convencido de que, tras la merecida detención del prófugo de la Justicia, la salida a la calle a defender lo indefendible obedecía a una planificación detallada en el guion de esta fábula. Sabían que, tarde o temprano, les tocaría ser partícipes en dicho circo, primando la rabia visceral y la agresividad inconformista, dando un espectáculo dantesco e irreal de nuestra próspera sociedad.

Una vez más queda demostrado que su estado de ánimo y comportamiento fanático está, sin duda alguna, a 180º del sosiego y la tranquilidad implícita a los que apostamos por la lealtad a la Ley y su vigencia.

Para los catalanes que nos mantenemos ajenos al virus del separatismo nos cuesta valorar las lágrimas de los que esquizofrénicamente han perdido la percepción de la realidad, sabiendo que podían habérselas evitado parando el tren con suficiente espacio de frenada, escuchando a la totalidad de los catalanes y asumiendo la contundente y reiterada postura internacional de no aceptación de toda esta surrealista paranoia.

Los que nos sentimos orgullosos de vivir amparados por una legalidad constitucional solvente como la nuestra, sin estar anclados en el siglo XIX, éramos conscientes de que la apuesta rebelde no tenía ningún recorrido, quedándonos solo el deseo de que les vaya bien a quienes han de pagar penalmente, esperemos que durante un largo periodo, su conducta sediciosa.

La impostada sonrisa revolucionaria, camuflando reacciones de violencia implícita, obedece a la obsesión frentista azuzada por los gurús de la tele del Régimen y los discursos incendiarios de significados políticos, algo a todas luces preocupante e irresponsable. Poniendo en la cuerda floja el pírrico nivel de convivencia entre los que defendemos la legalidad y los que se han enrocado en un comportamiento carente de sentido común. Eso sí, luciendo su característico y paródico lacito limón en la solapa.

Pero, que no se nos olvide, a la hora de repartir responsabilidades realmente hay para todos. Sin duda, una gran cuota de culpa recae en los que, de forma evidente no aman su país (porque españoles somos todos y el único país es España), pero también para los que dicen que lo aman pero les cuesta demostrarlo, o han de ver y valorar la conveniencia electoral para aparentarlo.

A colación de esto último mencionaré de soslayo algunos temas, tales como: lo que se debería haber hecho hace unos años disponiendo de mayorías parlamentarias, con el tema en fase incipiente y no se hizo; la necesidad de aplicar medidas correctoras constitucionales de un modo convincente y no en su versión light o, incluso, las acomplejadas decisiones de no intervención de los grandes incitadores de esta revolución sonriente orquestada desde los medios controlados y subvencionados por el secesionismo, permitiendo que difamen y sigan con su campaña anti todo lo español con impunidad insultante.

No me cansaré de recordar que no habremos aprendido nada, ni se habrá solucionado el problema, mientras la educación siga siendo la herramienta para crear adeptos al separatismo. Mientras no se libere a la sociedad de la imposición idiomática en la docencia. Mientras dudemos de la profesionalidad de los cuerpos de seguridad locales y autonómicos. Y mientras se permita disponer de medios de comunicación que sirven de megáfonos del independentismo. Si todo esto no se corrige estamos haciendo el pan con unas tortas…

Finalizo planteando dos reflexiones que involucran a las dos entidades en las que participo. La primera tiene que ver con la visita a Waterloo el pasado jueves de la Plataforma por Tabarnia. Me congratula pensar que hayamos sido partícipes de la captura del prófugo, al incitarle la salida de su madriguera para evitar la cita que tenía con nosotros, acabando entre rejas germanas mientras intentaba volver a su escondrijo faraónico belga.

Y, por otro lado, os traslado la idea de valorar en la Junta de Espanya i Catalans,  la posibilidad de iniciar una recogida de apoyos para una propuesta legislativa en la que estos comportamientos inconstitucionales, sediciosos, de rebelión, incitación al odio, y que pudieron, pueden o podrán acarrear enfrentamientos civiles, sean contemplados como casos susceptibles de prisión permanente revisable, haciendo que España, como país soberano y alineado con las legislaciones internacionales en este sentido, deje de tener un enfoque tenue y permisivo con los que, a todas luces, merecen penas acordes a sus tremebundas fechorías.

Javier Megino es vicepresidente de Espanya i Catalans

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
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