¿Por qué Ada Colau no cambia el nombre de la calle Sabino Arana?

En los últimos tiempos, el Gobierno de Ada Colau ha cambiado el nombre de varias calles de la ciudad para hacerlas compatibles con la “memoria democrática”. Así, la calle Almirante Cervera, un héroe de la Guerra de Cuba, ha pasado a rendir tributo al cómico Pepe Rubianes, mientras que la plaza de la Hispanidad ha sido renombrada como Plaza de Pablo Neruda —recordemos que Colau ha vinculado el término hispanidad con el genocidio en América Latina—.

Estas acciones no han estado exentas de polémica. En la inauguración de la mentada calle a Rubianes, Colau tachó de “facha” al almirante Cervera, lo que provocó las quejas de sus familiares y que algunos recordaran que el militar murió antes de la aparición del fascismo.

Recientemente, los comunes también han sido criticados por haber votado a favor de una iniciativa de ERC para bautizar una calle en recuerdo del 1 de octubre. El equipo de Colau lo ha justificado alegando que aquella jornada es “un hecho histórico de enorme relevancia”.

Ante estos hechos, algunas voces señalan que el ejecutivo municipal obra con un doble rasero. Por una parte, no titubea al suprimir símbolos emparentados con España o el Estado— tiene previsto cambiar la avenida Borbón por la “huella infausta de la monarquía”—. Por otra, descarta revisar cualquier nombre relacionado con el catalanismo o el nacionalismo. En este punto, es significativo que no contemple tocar el busto o la avenida de Francesc Cambó, fundador del catalanismo moderno y, al mismo tiempo, financiador del bando franquista.

Sin embargo, el ejemplo más llamativo de dicha parcialidad es que la calle Sabino Arana permanezca intacta. Como es sabido, Arana, fundador del PNV y considerado el padre de la patria vasca, fue un consumado xenófobo. El blanco de su hostilidad —como acostumbra en los nacionalismos periféricos— eran el resto de los españoles, a quienes denominaba maketos.

De ellos, decía esto: “Gran número de maketos parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada solo revela idiotismo y brutalidad”. O esto otro: “El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón”.

Por si su racismo no fuera suficiente, Arana destacó asimismo por un rasgo al que los comunes son particularmente refractarios: el machismo. Para el patriarca nacionalista, la mujer era “vana, superficial y egoísta. Inferior al hombre en cabeza y corazón”. También juzgaba que “si el hombre no la amara, sería tan solo bestia de carga”.

Si bien estas ideas eran frecuentes en la época, algunos analistas resaltan que en el caso del político vasco constituían el núcleo de su ideología. Pese a ello, la comisión de Noménclator encargada por Colau ha rechazado cambiar el nombre de la calle que Arana tiene en el barrio de Les Corts.

La portavoz del grupo municipal de Ciudadanos en Barcelona, Carina Mejías, critica que “las decisiones sobre las calles se han tomado sin pasar por el pleno, a través de la ponencia de nomenclátor que Pisarello maneja a su antojo”. Según Mejías, ello ha permitido a Colau “imponer su ideología por encima de la historia, las tradiciones y las costumbres de Barcelona. Un ejemplo de revisionismo histórico con el que pretende reescribir el pasado”.

Asimismo, censura que el consistorio “retire del espacio público todo vestigio monárquico” pero, en cambio, “se niegue sin justificación a retirar de nuestras calles los nombres que reconocen a personajes abiertamente machistas y xenófobos”. A su parecer, “esto deja en evidencia su política de postureo y titular”.

Quién más se ha significado en la pugna para retirar a Sabino Arana del nomenclátor barcelonés es el presidente del grupo del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández Díaz, que lleva más de quince años solicitándolo, a propuesta de diversas entidades cívicas. Lo ha hecho en varias ocasiones, sin conseguir que las autoridades municipales lleven a cabo esta iniciativa.

Fernández cree que la alcaldesa Colau no quiere retirar la calle a Sabino Arana “porque se siente identificada con los personajes del independentismo, con los que no quiere enfrentarse. A fin de cuentas, Quim Torra hoy es como el Arana de antaño. Y Colau no quiere plantarle cara”.

Por Óscar Benítez y Sergio Fidalgo


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