Política sólida, líquida y gaseosa

Zygmunt Bauman ha aplicado con éxito el concepto de ‘liquidez’ al análisis de la sociedad actual. Frente a un mundo sólido, estable y seguro, la sociedad y la vida hoy son inestables, impredecibles. Todo cambia con rapidez, todo tiene fecha de caducidad. Para sobrevivir hay que aprender a borrar, a abandonar, a reemplazar enseguida aquello que no podemos conservar. La realidad política ha entrado en ese proceso de licuefacción o “liquidación”: toda su solidez empieza a desmoronarse, diluirse, irse de nuestras manos.

Sin contradecir a Bauman, prefiero analizar la sociedad y la política actual desde un esquema más completo. Creo que, aunque resulte más complejo,  es más acertado aplicar el modelo de los estados básicos de la materia (sólido, líquido y gaseoso) y tratar de analizar cómo se puede pasar de un estado a otro. Se trata de imaginar la realidad social (política) como un todo compuesto por elementos sólidos, elementos líquidos y elementos volátiles. Y observar los fenómenos de transformación, los cambios de estado, adelantándose, a ser posible, a esos cambios.

Los partidos están empezando a dejar de ser sólidos: ni sus ideas, ni sus propuestas, ni sus valores, ni su poder son estables. Algunos ya están en estado líquido y otros empiezan a volverse humo. Sí, todo lo sólido puede volverse líquido, y todo lo líquido, gaseoso. El mayor error es no entender que los ciudadanos son libres, que si hasta ahora los partidos tenían votantes cautivos, eso ha empezado a dejar de ser sólido. Que una cosa es “votar a un partido” y otra “ser de un partido”. Que aunque siga habiendo muchos ciudadanos que necesitan identificarse con unas siglas y una ideología para sentirse seguros, esta misma necesidad les empuja a abandonar esa fidelidad.

No entender que hoy la mayoría no quiere ser de nada ni nadie (esto explica la ‘anomalía’ democrática de la gran abstención), sino sólo confiar globalmente en quienes al menos defienden alguna de las ideas que todavía necesita uno mantener sólidas (la igualdad, la justicia, la nación, la  lengua, el bien común, etc.). No entender que ya ‘no se es’ de izquierdas o de derechas, sino que sólo ‘se tienen’ unas ideas, de izquierdas o de derechas (que es algo muy distinto); confundir las ideas con la ideología, el tener ideas con defender una ideología (que es todo lo contrario), esto es no aceptar que algo está cambiando en el mundo de la política.

Ingenuos y delirantes, que se han creído sus propios dogmas, quienes no se han dado cuenta de que  no es fácil vivir en un estado líquido permanente, que la vida humana necesita cierta solidez, aquella que le proporciona un orden social y unos sentimientos y valores compartidos, como lo es el sentimiento nacional o el sentido de la igualdad y el rechazo a quienes se sienten superiores y desprecian a la mayoría. Quienes se aferran fanáticamente a ideologías caducas que ya han perdido su solidez. Quienes se han inventado nuevas religiones, nuevas creencias y las usan como adoquines para atacar a quienes no las profesan por ser corrosivas, tóxicas, elementos que se expanden como nubes contaminantes como es la ideología de género y esa invención de la “nación de naciones”.

Hoy más que nunca necesitamos distinguir lo sólido de lo líquido, y lo líquido de lo gaseoso. Saber cuándo algo sólido ha dejado de serlo, cuando hemos de abandonar eso que creíamos inamovible, y cuándo hemos de reafirmarnos en aquello que consideramos necesario e irrenunciable. Cuándo un político o un partido han dejado de ser sólidos y fiables, agua de alcantarilla o fuego fatuo. Cuándo necesitamos conceptos sólidos que den estabilidad nuestra mente, y cuándo conceptos líquidos que reflejen la realidad cambiante e inestable de nuestros deseos y miedos.

Hemos de aceptar y mantener la complejidad del mundo, que es sólido, líquido y etéreo, pero sabiendo que sólo nos proporciona estabilidad y consistencia la fuerza de la gravedad, o sea, eso que nos pone los pies en el suelo y nos permite caminar, recorrer y reconocer el mundo. La política necesita hoy un baño de realidad y realismo. Los ciudadanos han de sentirse libres y responsables, aceptando la incertidumbre esencial de un mundo que pasa fácilmente de un estado a otro, pero que necesita elementos básicos de cohesión, ideas y sentimientos compartidos.

Se equivocan quienes creen en la solidez de la izquierda, pero se equivocarán igualmente quienes crean ahora en la solidez de la derecha. La materia busca constantemente su propio equilibrio, pasando de un estado a otro. También la política, aunque nos cueste verlo en medio de tanta inestabilidad e incertidumbre.

Santiago Trancón Pérez


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