Pobre Catalunya

Me sorprende ver a algunos indignados porque los cuerpos de Seguridad hagan su trabajo (por orden judicial, no del gobierno). No vi que se quejaran cuando entraban a la sede del PP para luchar contra la corrupción de ese partido (corrupción lamentable, condenable y contra la que hay que luchar. Sí, igual que la del partido de Puigdemont, por si no se acuerdan).

Me sorprende ver a gente que dice que de pronto apoya unos planes ilegales para separarse de España y de la Unión Europea por culpa del Gobierno. Mal vamos si algo así depende de quién gobierna. Por suerte España es mucho más que el gobierno de turno.

Me sorprende ver a gente indignada porque nuestros servidores públicos hacen su trabajo para impedir un acto ilegal en el que se ha vulnerado los derechos de la mitad de los catalanes y sin garantías establecidas por los estándares internacionales de cualquier votación con validez.

Me sorprende que esta misma gente no esté indignada por lo que pasó hace dos semanas en el Parlamento catalán pasando por encima de todas las leyes catalanas y españolas (ni un solo comentario al respecto).

Me sorprende ver a gente que defiende un referéndum ilegal pero lo niega en otras partes del mundo donde serían legales.

Me sorprende ver a gente que llama ‘fachas’ a gente de izquierdas que ha luchado contra la dictadura, y que por defender la democracia y la legalidad se les tilde de ‘traidores’ (pobre Serrat, pobre Sardà…).

Me sorprende ver a gente que supuestamente no quieren dejar de ser catalanes, españoles y europeos que dan apoyo a utilizar mecanismos apartados de la legalidad. Me gustaría saber qué pasaría en países como Francia, Alemania, EEUU si hubiera la misma situación.

Me sorprende ver a gente que no dice nada frente a que los niños se salten las clases para ir a las manifestaciones y sus padres tengan que firmar un consentimiento. Pobres aquellos que quieran que sus hijos vayan a la escuela a estudiar…

Me sorprende que estos que dicen que lo que está pasando se trata de una revolución de sonrisas no salgan nunca a condenar los ataques a los que no somos independentistas con carteles, pintadas, insultos, coacciones o amenazas…

Me sorprende que aquellos que dicen dialogar no sean capaces de sentarse en una mesa sin condiciones previas y con voluntad de entendimiento.

Pobre Catalunya, pobre mi tierra. Espero que todos juntos volvamos al sentido común, a los puentes de diálogo, al entendimiento…

No dudo que hayan cosas que se han hecho muy mal. Por un lado y por otro. Es más, lo afirmo.

Pero es momento de la reconciliación, de salir de las ilegalidades y de las cesiones para remar todos juntos en una mejor dirección.

David Mejía es diputado en el Parlament por Ciudadanos

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
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