Junts sigue con el show estilo Pimpinela con ERC para distraer al personal mientras se lo llevan crudo a costa del dinero de todos los catalanes. El objetivo, como siempre, es conseguir la mayor parte del botín que significa controlar la Generalitat, y toda esta pelea no es por «el mandato del 1 de octubre», ni por quién es más separatista. Es por la pasta.
Por la pasta Junts está dividida: los que quieren romper — Puigdemont y Borràs, que quieren soluciones a sus problemas individuales, que pasan por desgastar a una ERC que no les va dar ni agua — y los que no quieren romper — Turull, los alcaldes y los ‘consellers’, que quieren mantener los altos cargos y la repartidora de dinero público para mantener su estructura clientelar –.
Por la pasta ERC quiere laminar a Junts, para ser el partido central de la política catalana para controlar el presupuesto de la Generalitat y poder dedicarse a la geometría variable, y pactar con la CUP; Comunes, PSC o los restos de Junts, según convenga en la próxima década. Por supuesto, lo quieren hacer sin quedar como unos ‘traidores’ que rompen la — inexistente — unidad separatista, así que si Junts se traga el sapo de Puigneró, y nombran a un vicepresidente estilo Jaume Giró, les dejarán volver.
Pero Esquerra no va a dar ni agua ni a Puigdemont, ni a Borràs. A Puigdemont por intentar crear una estructura paralela a la del Govern que controla ERC a través de Aragonès y por querer erigirse en el líder unitario del separatismo en base a lo que llaman ‘el mandato del 1 de octubre. A Borràs porque representa la conexión con los escándalos económicos del pujolismo, y Esquerra juega a ser un ‘partido limpio’.
Así pues, aunque la lucha por el poder es descarnada, más de medio Junts no quiere romper, ni a ERC le interesa hacerlo de forma abrupta. Salvo que Puigdemont y Borràs impongan sus postulados para que la militancia de Junts vote ‘sí’ a la salida del Govern, la pelea tipo ‘Pimpinela’ seguirá formando parte de la política catalana durante los próximos meses. Por desgracia para todos los catalanes, que sufren la parálisis de su gobierno autonómico por estas disputas internas del separatismo.
Bastante calamidad es que nos gobierne el separatismo, para que encima estos partidos ni gestionen los asuntos públicos por estar más pendientes de sacarse los ojos los unos a los otros.
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