Pensiones de miseria

A veces tengo la sensación de qué, con tanta monserga independentista, estamos perdiendo el mundo de vista y las cosas que realmente son importantes y nos afectan de verdad, van quedando en un segundo plano. Y no digo que lo que está sucediendo en Cataluña no merezca nuestra atención, pero existen otros asuntos, como por ejemplo las pensiones, de las que depende el pan de cada día de muchos millones de personas y no les damos la importancia que ciertamente tienen.

Quizás ese es el motivo por el que no hayamos reparado tanto como debiéramos en las movilizaciones que los jubilados de nuestro país empezaron a realizar meses atrás para afrontar el grave problema que significa su pérdida de poder adquisitivo, con la pírrica subida anual del 0,25% de sus pensiones, impuesta por el gobierno del Partido Popular.

Por eso, el pasado 14 de marzo, se celebró un pleno en el Congreso para tratar el tema y, en teoría, buscar soluciones. La verdad es que la sesión fue de poco nivel y pasó con más pena que gloria.

Mariano Rajoy estuvo en su línea. De hecho, su objetivo era ganar tiempo y aprovechar las pensiones para sacar los presupuestos de 2018 adelante y salvar la legislatura. Como señuelo, ofreció subir las pensiones mínimas con el IPC, elevar las de viudedad y conceder alguna ayuda fiscal en determinados supuestos a los pensionistas. Menos da una piedra, pero el presidente hizo una oferta muy limitada que no resuelve, ni de lejos, el problema de fondo.

Así las cosas, ante la presión de la calle, los sindicatos y la oposición, el Gobierno ha querido poner negro sobre blanco y ha presentado algunas mejoras. Es verdad, pero a poco que se analicen se ve que no son más que un “mantente mientras cobro”.

Según el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, los Presupuestos para 2018, presentados recientemente, están “pensados para pensionistas, servidores públicos y para financiar los servicios públicos fundamentales”.

Pues bien, dado que la magnífica ventana que me brinda El Catalán para expresar mis opiniones es, como no puede ser de otro modo, limitada en el espacio, me voy a centrar en analizar el asunto de las pensiones. Un asunto que sería cómico, sino fuera porque detrás de muchas pensiones hay auténticos dramas de supervivencia. Veamos.

Lo que en esencia se ofrece desde el Ejecutivo es qué, si finalmente estos presupuestos acaban aprobándose, las pensiones mínimas y de viudedad tendrán un aumento medio anual de entre 250 y 450 euros respectivamente. Es decir, si esa subida se divide en 14 pagas (12 mensualidades y dos extraordinarias) percibirán un aumento, por paga, de entre 17,80 euros las mínimas y 32,10 las de viudedad. Las que superen los 12.040 euros anuales y, por tanto, deban hacer Declaración de la Renta se quedarán con la modesta subida del 0,25%. Como vemos, todo un capital para los perceptores.

Para avanzar en un asunto tan importante como el que nos ocupa, deberíamos desterrar la idea de que las pensiones hay que sufragarlas exclusivamente con las cotizaciones sociales.

No perdamos de vista que son uno de los pilares de Estado del bienestar; en consecuencia, si sanidad, educación y servicios sociales se financian mediante impuestos, las pensiones no deberían sufrir un trato discriminatorio.

Por otra parte, el Gobierno prevé para 2018 una inflación del 1,6%. En buena lógica las pensiones deberían subir el mismo porcentaje. Además, ese incremento significaría menos de 2.000 millones de euros a añadir a la partida que ya se ha presupuestado para hacer frente a ese gasto, y así se podría subir igual que el IPC. Es decir, más o menos lo mismo que el coste inicial que supone rescatar las autopistas radiales de Madrid.

Por otra parte, en España estamos a la cola de gasto social. Nos superan países como Grecia o Portugal. Mientras en el conjunto de la UE el gasto social medio está sobre el 24,7%, aquí apenas superamos el 20%.

Además, los ingresos públicos en 2016 en nuestro país se situaron en el 37,7% del PIB, mientras que en el conjunto de la zona euro se recaudó un 46,1%, lo que demuestra la ineficacia de nuestra administración y el elevado volumen de fraude que atenaza nuestro sistema financiero.

Todos estos datos, tan solo son una pequeña muestra de que, con una administración más eficiente y un sistema fiscal más eficaz y, sobre todo, con más voluntad política, es posible, no multiplicar los panes y los peces, pero sí hacer que las pensiones se actualicen tanto como suba el IPC.

Al fin y al cabo, es una cuestión de justicia social. Claro que también hay entelequias que son cosa de algunos iluminados.

De nosotros depende diferenciar lo accesorio de lo fundamental.

Bernardo Fernández

 

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