El Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a estar bajo la lupa internacional por su gestión económica. Esta vez, las alarmas no han saltado en Madrid, sino en Berlín. La prensa alemana señala un posible uso irregular de los fondos europeos de recuperación. Según diversas informaciones, el Ejecutivo habría desviado cerca de 10.000 millones de euros de los fondos Next Generation. Este dinero, destinado inicialmente a reformas estructurales y modernización, se habría utilizado para cubrir el gasto corriente de las pensiones.
La gravedad de la acusación reside en la naturaleza de estas ayudas. La Unión Europea diseñó este plan para transformar la economía tras la pandemia del Covid. Utilizarlos para tapar agujeros en la Seguridad Social contraviene el espíritu de la solidaridad europea. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha intentado minimizar el impacto de la noticia. Desde el Gobierno se habla de un simple «ajuste técnico» derivado de la prórroga presupuestaria. Sin embargo, esta explicación resulta insuficiente para los socios del norte.
El diario Bild, el más leído de Alemania, no ha ahorrado en calificativos negativos. Define la maniobra del Gobierno español como un «escándalo». Para el rotativo alemán, resulta «inaceptable» el uso secreto de fondos destinados al futuro de Europa. La indignación alemana se extiende también a medios de referencia como Die Welt. Este diario critica duramente la falta de transparencia del Ejecutivo de Sánchez. Advierten que la Unión Europea no puede convertirse en una «tienda de autoservicio» para gobiernos con problemas de liquidez.
El enfoque de los medios alemanes es especialmente duro con la responsabilidad fiscal. Recuerdan que se trata del dinero de los contribuyentes europeos y exigen consecuencias penales si se confirma el fraude. La credibilidad de España en Bruselas vuelve a quedar seriamente comprometida.
Esta crisis de imagen exterior pone de manifiesto la debilidad de las cuentas públicas españolas. El recurso a los fondos europeos para gasto ordinario delata una gestión cortoplacista. La izquierda parece más preocupada por el mantenimiento de sus compromisos electorales que por el rigor contable.
Por ahora, la tormenta se mantiene en el terreno mediático y de la supervisión técnica. Sin embargo, el malestar en Alemania suele ser el preludio de decisiones drásticas en la Comisión Europea. España no puede permitirse ser señalada como el socio que no juega limpio con el presupuesto común.
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