Pedagogía para salvajes

El pasado 27 de junio acudí al acto que organizó VOX, para mostrar públicamente la oposición al derribo del monumento de Cristóbal Colón en Barcelona. Como suele ocurrir en muchos actos que organiza ese partido político, los enemigos de la libertad de reunión y de expresión, acudieron para intentar reventar el acto, pero por esta vez los Mossos de Escuadra estuvieron a la altura, impidiendo que los violentos se acercasen al evento.

Realizando una introspección de lo que supuso el inicio de la conquista de América por parte de los españoles que acompañaron a Colón, hemos de considerar que los conquistadores cuando penetraron en el territorio americano, siempre fueron en son de paz por dos motivos fundamentales: el primero era que se pretendía evangelizar a aquellas gentes, y el uso de la espada nunca suponía un buen comienzo, y el segundo motivo era que por su alarmante inferioridad numérica, nunca era rentable iniciar una guerra con los indios. No obstante en algunos casos y sobre todo entre tribus más primitivas, la resistencia indígena se produjo en el momento en el que establecieron contacto con los conquistadores.

Sustentado en una base falsa como es la consabida Leyenda Negra, que fue posiblemente la primera campaña universal de manipulación de la opinión pública, orquestada por Inglaterra, que precisamente practicó un genocidio de las poblaciones amerindias de una forma sistemática y desinhibida, ha perdurado la falsa idea de que la colonización española se produjo de una forma violenta.

Ante estos infundios que han perdurado hasta nuestros días, hay que dejar muy claro que de la misma forma en que los conquistadores, y sobre todo los frailes y religiosos que les acompañaban, transmitieron cultura y conocimiento a los indios; ahora en el siglo XXI nuestra obligación es transmitir cultura y conocimiento a los nuevos salvajes de la izquierda, de los antisistema, de los ácratas y de los independentistas, para recordarles que Cristóbal Colón cuando desembarcó con sus hombres en la ista de La Española, hoy Santo Domingo, se topó con unos pueblos que por su desarrollo cultural se encontraban en lo que conocemos como estado neolítico. que iban semidesnudos, desconocían la agricultura, la rueda, la metalurgia y la escritura.

También deberíamos de recordar a estos progres de la violencia, que los pueblos indígenas americanos estaban permanentemente en guerra, dedicándose al exterminio de las tribus vecinas, salvo las mujeres jóvenes que eran utilizadas como esclavas sexuales. Evidentemente los frailes que iban con los conquistadores no podían permitir esa situación de pillaje, procediendo a enseñarles que era más fructífero comerciar con los otras tribus que hacerles la guerra.

Supongo que una de las afinidades de los salvajes del siglo XXI con sus congéneres del siglo XV, es que en aquellas tribus todo pertenecía a la comunidad, incluídas las mujeres, que no podían saber a ciencia cierta quién era el padre de sus hijos. Evidentemente los frailes quisieron poner fin a esa situación, intentando convencer a los indios de que un hombre tenía que yacer solo con una mujer, a la que debía de amar durante toda su vida, y con la que tenía que formar una familia haciéndose responsable de sus propios hijos.

Los indios como los hombres de las cavernas, copulaban con las mujeres como los animales con las hembras a cuatro patas, enseñándoles los religiosos españoles que para que el acto sexual estuviese revestido de amor conyugal, el hombre debía de mirar a la mujer a los ojos, estando encima de ella, en lo que luego se conoció como posición del misionero. Los frailes también les enseñaron a evitar prácticas abortivas prohibiendo a las madres o a los supuestos progenitores, matar a las niñas o a los nacidos con deficiencias físicas.

Se les enseñó la agricultura, convirtiendo a esos pueblos de nómadas recolectores, en poblaciones sedentarias. Se les indujo a abandonar la práctica abominable del canibalismo gastronómico o ritual. Se les dijo que lo que más agradaba a Dios era la realización de buenas acciones, y que arrancar y devorar el corazón de los enemigos no podía nunca complacer al Dios cristiano. También tendríamos que recordar a los apóstoles de la desmemoria histórica, que a los indios se les enseñó a leer y a escribir, se crearon escuelas para los niños, además y lo que es muy importante, se les transmitió el conocimiento de oficios, como la herrería, la carpintería, la pesca y la marroquinería entre otros.

Evidentemente en el inevitable choque de civilizaciones, entre españoles impregnados de cultura humanista y renacentista, con hombres primitivos neolíticos, éstos últimos fueron los grandes beneficiarios del traspaso cultural, y los españoles a cambio tan sólo obtuvieron la extracción de especias que crecían en estado natural en las selvas, que apenas utilizaban los indígenas, y el oro y la plata, que los españoles tuvieron que extraer del subsuelo escarbando minas, porque el poco oro que habían obtenido los indios de la extracción en los ríos, convertido en estatuíllas o abalorios, era insignificante para sufragar los gastos de la expediciones que eran financiadas por sus capitanes.

El otro día en el monumento a Colón en Barcelona, al ver en un lado a los españoles y enfrente a los salvajes de la modernidad, no pude evitar llegar a la conclusión de que si Cristóbal Colón, y todos los navegantes y conquistadores que les sucedieron, llevaron la luz de la cultura y de la civilización a América, y ahora nos toca a nosotros hacer lo mismo con los salvajes del siglo XXI: transmitirles cultura, respeto y tolerancia.

Juan Carlos Segura Just

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