A pesar de la división del espacio convergente, con la creación del PNC y la escisión de Puigdemont, en Esquerra Republicana siguen teniendo miedo de perder las elecciones frente al ‘prófugo’ de Waterloo.
Puigdemont controla el calendario de las elecciones autonómicas a través de Quim Torra, lo que le da la ventaja de escoger el momento que menos le convenga a Esquerra, por mucho que el entorno de ERC esté presionando para que se convoquen lo antes posible.
Los de Junqueras llevan desde 1980 intentando ser el partido hegemónico en la cámara autonómica catalana, y ven que les van pasando por delante todos los trenes, y que cosechan fracaso tras fracaso.
Su gran oportunidad para promocionar a su valor en alza, Pere Aragonès, el actual vicepresidente económico de la Generalitat, quedó en agua de borrajas. El plan de ERC era aprobar de los presupuestos de la Generalitat, tras tres años de prórrogas, y venderlo como un logro de Aragonès, que había sabido “atraer” a las filas separatistas a los ‘comunes’, cuya abstención permitió el “sí” a las cuentas públicas.
Pero llegó el COVID-19, y las cuentas han quedado desfasadas antes de su puesta en marcha. Y el horizonte económico que se vislumbra a corto y medio plazo no es halagüeño para un Aragonés que está más preparado para la agitación separatista que para gestionar las finanzas públicas. Lo que sin duda será una baza que Puigdemont explotará.
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