España es un país democrático que respeta la libertad de pensamiento, y de la misma manera que a Gabriel Rufián, y al resto de diputados separatistas en el Congreso se les permite jurar sus cargos por la República catalana, por el pueblo catalán o por la calidad de los fuets de Vic, te puede encontrar a un ciudadano que se pasea por la puerta del Sol engalanado con una bandera estelada, el símbolo más importante del secesionismo catalán.
Aunque no deja de ser una excentricidad, en Madrid se puede hacer eso y mucho más. En cambio, en ciertos pueblos de la Cataluña interior el pasear una bandera de España es un tema más peliagudo que puede provocar que algún ‘patriota’ de los lazos amarillos muestre su indignación con palabras elevadas de tono. Por suerte, el centro de la capital de España es un entorno más amigable y nuestro ciudadano ‘estelado’ la lució en Sol con total libertad.
La estelada simboliza la ruptura de la unidad de España, pero Madrid lo digiere todo, como faro de libertad que es. Si la capital ha aguantado a Miriam Nogueras, Gabriel Rufián y sus bancadas de tenderos de “a tanto el cuarto de kilo de votos mientras decidimos cuando ‘ho tornarem a fer’ puede aguantar casi cualquier cosa. Hasta a Pedro Sánchez, que tarde o temprano acabará, como le pasó a Artur Mas tras el vaticinio de Benet Salellas – actual abogado de Santos Cerdán – en la papelera de la historia.
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