La otrora todopoderosa ANC (Asamblea Nacional Catalana), desde hace varios años, está atravesando por una profunda crisis. En Tarragona, el mes de abril de 2025 celebraban su último acto público, con una asistencia de poco más de una docena de personas, y días después anunciaban que bajaban la persiana. La razón, según ellos mismos manifestaron, se debía a la frustración y decepción de una parte importante de sus asociados, que se habían ido dando de baja o habían dejado de participar en los actos convocados por la entidad al sentirse engañados por los líderes políticos “procesistas” o por no entender los constantes enfrentamientos entre los partidos secesionistas.
Todo ello, sin olvidar las disputas internas por el poder dentro de la propia ANC, que en Tarragona especialmente habían provocado, en los últimos años, sucesivas dimisiones de sus cargos directivos, así como el creciente envejecimiento de los asociados y la falta total de relevo generacional.
Hace un año, Agustí Ferrer, coordinador en funciones de la ANC en Tarragona y miembro de la entidad desde el año 2012, manifestaba lo siguiente a la prensa local: «Molta gent es va donar de baixa després de les eleccions a l’Assemblea, que van ser molt ajustades. Teníem registrats 430 socis, però a l’última reunió només vam ser 17. Ningú va voler assumir càrrecs i hem de tancar».
Y entre otras cosas añadió: “Ha sigut una decisió molt dura i la realitat actual de l’independentisme no ha ajudat. (…) La gent està cremada. S’ha atacat massa. Hem sigut complaents, (…). La divisió i crítiques internes arran de la presidència de Lluís Llach han empitjorat la situació. Dirigeix l’entitat amb una deriva partidista insuportable. L’ANC sempre ha tingut els partits intentant governar-la, però mai havíem arribat a aquests extrems”. Ferrer concluía diciendo que en Tarragona se han sentido abandonados por la dirección nacional y que «s’ha fet una cacera contra la gent que va defensar la llista cívica quan no calia».
La crisis, que era extensible a todo el Tarragonès, hizo que, por ejemplo, el pasado 25 de agosto la ANC finalmente desconvocara en Salou la que denominaban “Passejada per la independència i la república catalana”, que habían venido celebrando con gran pompa y participación desde el año 2017, el tercer sábado del mes de agosto (uno de los de mayor afluencia turística), en Salou, y se desarrollaba concretamente en el Paseo Jaime I (el más céntrico y concurrido de la población).
Se da la circunstancia de que dicha “Passejada” separatista, desde el año 2018, había tenido su réplica en una contramarcha convocada, en el mismo lugar y hora, por parte de entidades de la Resistencia Cívica de Tarragona, ofreciendo un necesario contrapunto a la marcha separatista, con banderas españolas y bajo el lema “Por la unidad de España, Puigdemont a prisión y ni amnistía, ni autodeterminación”; ambas concentraciones solían estar separadas, solo unos metros, por un cordón policial de los Mossos d’Esquadra.

La situación de la ANC en Tarragona no es muy diferente de la que se está produciendo en la mayoría de poblaciones de Cataluña. Hace unos meses, la organización informaba que desde el año 2020 estaba sufriendo una bajada constante y generalizada, que se ha acentuado mucho en el último año. Se calcula que ha supuesto unas pérdidas de casi un millón de euros en cuotas en los últimos seis años. Lo cierto es que la sede de la ANC en Tarragona lleva ya un año cerrada y su actividad es absolutamente nula.
De todas formas, Josep Costa (que fue vicepresidente del Parlament por Junts y después vicepresidente general de la ANC), uno de los dirigentes más críticos con la presidencia de Lluís Llach, decía justamente en Tarragona el pasado año que: “Ahora el viento, tal vez, no sopla a favor para el independentismo, pero volverá a soplar a favor; por eso tenemos que seguir remando, pues cuando esto ocurra, si nos coge remando, todo irá mucho más rápido». Y hacía un llamamiento a la unidad y el consenso dentro del independentismo, así como a la regeneración, la renovación y a nuevas ideas y nuevas caras.
De momento, parece que el independentismo tiene una nueva y potente cara, Sílvia Orriols, que está cosechando el hastío de muchos independentistas hartos de Puigdemont, de Junqueras y de entidades como la ANC. El secesionismo está mutando, pero que nadie se equivoque, como dice la canción: «Y no estaba muerto, no, no. No estaba muerto, andaba de parranda». En fin, que cada cual saque sus propias conclusiones.
Salvador Caamaño Morado (presidente de la Coordinadora de la Resistencia Cívica)
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