María Soledad, acabas de recibir el mismo premio que “Txeroki”, tu compañero “de armas”: la excarcelación por la llamada “justicia restaurativa”. El gobierno de coalición PNV-PSE tiene potestad para ello en virtud de la cesión de competencias penitenciarias a cambio del apoyo jeltzale (y abertzale, Bildu/ Batasuna) a la investidura de Pedro Sánchez. Estás de enhorabuena y podrás brindar con champán junto a tu gente por tan feliz noticia tal y como hacías, entre descarnadas risotadas de calavernario, cada vez que ETA asesinaba de un tiro en la nuca o despedazaba de un bombazo.
Te detuvieron en Pau, año 2004. Y en Francia cumpliste 16 años de 20 de condena por integrar el “alto mando” de una banda terrorista. Te extraditaron a España, año 2020, escenario de tus crímenes sangrientos, donde te aguardaba un carrusel de juicios por tu participación en al menos 14 asesinatos. Con sólo tres de no sabe uno cuantas causas sumaste condenas por casi 600 años. Grandes civilizaciones no duraron tanto. Y mucho antes se extinguieron históricas dinastías. Y, una vez aquí, cumpliste cinco años de reclusión antes de beneficiarte del régimen de “semilibertad” concedido por el gobierno regional vasco. Nunca te has arrepentido de tu ejecutoria criminal, ni has pensado siquiera en colaborar con la Justicia para esclarecer la autoría de atentados irresueltos.
Es, al parecer, esa firmeza tuya en la defensa del terror y de la muerte, en la voluntariosa “socialización” del miedo, la cualidad que te convierte en candidata idónea para emplearte en la justicia “restaurativa” que vale por “prestación de servicios a la comunidad”, como el conductor ebrio que se salta un semáforo y purga su falta pintando los columpios del parque, toda vez que la justicia “punitiva”, en España, apenas la has saboreado. Hay yonquis que se han pasado más tiempo entre rejas por darle el tirón a una anciana.
Poco más de 1800 días en prisión por 14 asesinatos. A cuatro meses y una semana por víctima mortal. Ése es el fatídico balance. De haberte empeñado más celosamente empuñando la pistola y manejando explosivos la proporción habría sido más favorable aún. Por 20 asesinatos, sea el caso, tres meses raspados por cada uno de ellos. ¿Qué tiras largo y te vas a 30 cadáveres? Las cuentas no fallan: 60 días de nada, dos meses. Una ganga. No verás ofertas mejores en el supermercado.
Sabemos que andas muy ocupada preparando a conciencia tus charlas “restaurativas”, pero, echa la vista atrás, y dinos con el corazón en la mano si no te queda ese amargo sabor en la boca de haberte dejado docenas de muertos en el tintero a ofrendar en el altar sanguinolento de la patria vasca. A ese precio decreciente, y tan ventajoso para ti, podrías haber “fabricado” más viudas y huérfanos, y te habrían premiado igual. Cierto que te han compensado y bien por haber matado mucho, pero podrías haber matado mucho más. ¿No tienes la sensación, Marisol, de haber perdido el tiempo?
JAVIER TOLEDANO, en nombre de la Asociación por la Tolerancia
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