¿Para qué sirve hoy Pablo Iglesias?

Sorprende que la casta de Podemos, que tanto presume de intelectual y moderna, sea tan ágrafa, tan incapaz de publicar algún artículo de reflexión política mínimamente apreciable, a pesar de tener todos los medios a su disposición. Su aportación al pensamiento político es de una deslumbrante nulidad, parecida a la contribución de la tesis de Sánchez a la teoría económica.

Monedero, por ejemplo, prefiere hacer el payaso cantando rap o recitando ripios ultramarinos dedicados al camarada Chávez. Los pocos artículos de Errejón destacan por su vacuidad, a veces alambicada. El vuelo intelectual de Iglesias Turrión es de avutarda esteparia. Su última creación lleva el título de “¿Para qué sirve hoy la monarquía?

La contra-pregunta es saber para qué sirve hoy Iglesias y su pandilla, algo que, de modo consecuente, hemos de hacer extensivo a los demás partidos que viven del dinero público, y en especial a esa “sociedad instrumental” que hoy ocupa el consejo de ministras/tros de la Moncloa, que parece haber hecho un máster en la Universidad RJC en picaresca fiscal, que no en ingeniería, lo que requiere un poco más de talento. Es una pregunta angustiosa: ¿sirven hoy para algo nuestros políticos?

Iglesias, con argumentos pedestres, nos dice que hoy Felipe VI no nos sirve para nada. Que su padre sí, en su momento ayudó a consolidar la democracia, pero eso fue una excepción hoy superada. Reconoce que “lo fundamental para definir el carácter democrático de un régimen político no es que la jefatura del Estado sea electiva o no, sino que efectivamente se garanticen las libertades”; pero como hoy “la monarquía ya no es el precio a pagar para contar con un sistema de libertades (el Ejército español no es hoy ninguna amenaza […]) su función histórica para la democracia española ha perdido su sentido”.

Así que el problema de la monarquía es que ya no la necesitamos para asegurar las libertades democráticas. ¿Lo necesitamos a él? Ante argumento tal débil y falaz, Iglesias da un rodeo: “acceder a la Jefatura del Estado por elecciones y no por fecundación sería profundizar en nuestra democracia” (lo de acceder “por fecundación” es de una cursilería insuperable). No hay nada más importante, por tanto, que eliminar la monarquía. ¿Y la desigualdad, el golpismo separatista, la precariedad laboral…? ¡Mira que no tenemos tareas pendientes para profundizar en nuestra democracia!

Y prosigue remendando: “La monarquía incomoda a cada vez más progresistas y es rechazada abiertamente por una amplia mayoría de ciudadanos en Euskadi y Catalunya (sic)”. “Si el 23-F reforzó a Juan Carlos, el 3 de octubre debilitó a Felipe VI, que no fue capaz de erigirse como símbolo de diálogo”. Afirmaciones tan gratuitas como falsas. ¿Amplia mayoría?

Recordemos que la Constitución, que legitima plena y democráticamente a la actual monarquía, fue aprobada por más del 90% con una participación cercana al 70% del censo, y casi un punto por encima, en Cataluña. Esta es la mayor proporción de participación y voto afirmativo de cuantas votaciones se han llevado a acabo en España desde 1978. El Estatuto catalán del 2006 llegó sólo al 48% de participación, y fue aprobado por poco más del 70%, o sea, por un tercio del censo (la II República exigió los dos tercios). Contra toda evidencia, Iglesias esgrime mayorías imaginarias, incapaz de argumentar políticamente su rechazo ideológico de la monarquía, lo que sería mucho más honesto.

Y todo para acabar con esta propuesta: “Una nueva república será la mejor garantía para una España unida sobre la base del respeto y la libre decisión de sus pueblos y sus gentes”. La nueva república, ¡el milagro, la salvación de España! La disgregación de España, la libre decisión de sus “pueblos y gentes” (apúntese quien quiera), será “la mejor garantía para una España unida”… ¡Le preocupa la unidad de España! Le preocupan las antiguallas forales, los privilegios históricos, la igualdad de derechos, la unidad de los trabajadores, el poder de las oligarquías territoriales, el despojo de la lengua de los hispanohablantes en media España, los corruptos de “Catalunya”, el neofascismo de ERC y del catalanismo supremacista…

Como lo de Franco les ha salido por la culata (olvidemos la etimología), para vergüenza de la mayoría de españoles (que querría ver sus restos en otro sitio, sin necesidad de realizar por ello un escarnio innecesario, mera propaganda sectaria y partidista, como ha pretendido Sánchez); como esa ocurrencia les ha salido mal, pues ahora le toca a la monarquía.

Lo dicho: ¿Para qué sirve hoy Iglesias y su casta plurinacionalista?

Santiago Trancón Pérez

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