El cinismo de los socialistas acerca de la «crispación» política es estratosférico. Tras haber dividido España en dos mitades, haber insultado a todos los que no le votan tildándoles de «fachostera» y tras apoyar una y otra vez a los partidos supremacistas que quieren reventar la igualdad entre los españoles, encima acusan a los partidos de la oposición de crear un clima irrespirable.
El tono matón de Pedro Sánchez ha sido constante desde que aterrizó en La Moncloa. Competía con Pablo Iglesias en ver quién despreciaba más a los votantes y dirigentes del centro-derecha. Han pactado con lo peor de la política española estableciendo lo que llaman «cordones sanitarios» para intentar privar de la posibilidad de llegar al poder a la oposición.
Está claro que Óscar Puente fue elegido ministro por ser un maestro del arte de la bronca en la política, práctica en la que Sánchez ha demostrado ser un maestro. El líder del PSOE nunca quiso ser el presidente de todos los españoles, y por eso no le ha importado trazar una línea roja para intentar conducir a la irrelevancia a los millones de ciudadanos que no le votan. Y usa el ruido para intentar tapar el ‘caso Koldo’.
El 21 de abril en las elecciones autonómicas vascas, el 12 de mayo en las elecciones autonómicas catalanas y el 9 de junio en las europeas tenemos la oportunidad de decirle a Pedro Sánchez y sus mariachis que dimita, que será la mejor manera de acabar con la crispación. El líder del PSOE es el que está reventando la convivencia entre españoles.
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