El ministro de Transportes, Óscar Puente, vuelve a estar en el centro de la tormenta política y mediática. Mientras la red ferroviaria española atraviesa una de las crisis más graves de los últimos años, con averías, retrasos y miles de pasajeros afectados, el titular de la cartera acumula polémicas que poco o nada tienen que ver con la gestión de su ministerio.
Su hiperactividad en redes sociales, combinada con un silencio llamativo ante los problemas del servicio, ha encendido las críticas de la oposición y de buena parte de la opinión pública. Uno de los episodios más graves se produjo en el corredor que une Andalucía con Madrid, donde una avería en la catenaria a inicios de julio dejó sin trenes a más de 15.000 personas durante más de 14 horas.
La incidencia, que colapsó la planificación ferroviaria en pleno verano, no tuvo una respuesta pública inmediata por parte de Puente. Esa ausencia de explicaciones fue interpretada por sus detractores como un síntoma de desconexión con las necesidades reales de los usuarios.
En Málaga, dirigentes locales del PP hace unos días acusaron al ministro de “abandono inversor” y señalando que el deterioro de las infraestructuras no es un accidente puntual, sino el resultado de años de desatención. Según denuncian, los problemas se agravan porque la cartera de Transportes ha priorizado la confrontación política sobre la gestión técnica, dejando que las averías se acumulen sin soluciones de fondo.
A la imagen de un sistema ferroviario en crisis se suma la del “ministro tuitero”. Puente es señalado por dedicar más tiempo a responder con ironía o sarcasmo a sus adversarios en redes que a comunicar medidas o planes para revertir la situación. Para muchos, su presencia constante en el debate digital es la prueba de que gobierna más desde un perfil personal que desde el despacho ministerial.
Con el servicio ferroviario colapsado este agosto por varias incidencias en el servicio, Óscar Puente se ha dedicado a polemizar en redes con diversos dirigentes del PP por los incendios que han asolado a comunidades como Castilla y León. Mientras la red ferroviaria sufría retrasos y cancelaciones masivas, Puente seguía publicando mensajes sobre asuntos ajenos a la crisis, lo que reforzó la percepción de que evita dar la cara cuando el contexto es adverso.
Este tipo de reacciones han llevado a analistas a advertir que su estilo personal está minando la autoridad institucional que exige su cargo. En conjunto, la imagen que se proyecta es la de un ministro atrapado en un ruido político constante, incapaz de transmitir un plan claro para resolver el colapso ferroviario.
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