El RCD Espanyol ha dejado atrás una temporada marcada por el sufrimiento, pero también por una reacción que invita al optimismo. Tras sellar la permanencia en Primera División en la última jornada, el equipo perico afronta la 2025-26 con una ambición renovada. Desde dentro del vestuario ya se habla abiertamente de ir más allá de la salvación: consolidarse en la categoría es el primer paso, pero la mirada se eleva hacia objetivos más exigentes, como la clasificación para una competición europea.
La segunda vuelta de la pasada campaña fue reveladora. Con un rendimiento muy superior al de la primera mitad, el Espanyol firmó una media cercana a los 1,6 puntos por partido. Si esa tendencia se mantuviera a lo largo de un curso completo, el equipo sumaría cerca de 65 puntos, una cifra que en la mayoría de temporadas da acceso a competiciones continentales. No se trata solo de ilusión, sino de números que avalan un posible salto de calidad.
En algunos tramos del curso pasado, el equipo se situó a un puñado puntos de las posiciones europeas. Más allá de los datos, lo que ha sorprendido es el cambio de actitud y la confianza mostrada en partidos clave. La metamorfosis en el juego ha sido notable, con un bloque más sólido, comprometido y eficaz en ambas áreas.
Y esa ambición se ha visto en la pretemporada durante la gira alemana, con dos victorias, o en el meritorio empate a dos contra un equipo Champions, el Newcastle. El mercado de fichajes ha sido un reflejo de esta evolución. El club ha optado por reforzarse con sentido estratégico, apostando por la continuidad de jugadores clave como Javi Puado, que ha renovado hasta 2030 y se perfila como estandarte del proyecto. Y atando a jugadores que ya son una realidad, como Roberto Fernández o Kike García, goleadores contrastados que evitarán apuros en muchos partidos.
Desde la dirección deportiva, la línea es clara: mantener una plantilla comprometida, dar protagonismo a la cantera y reducir la dependencia de jugadores cedidos. Esta filosofía busca construir un equipo sostenible y competitivo, con margen de crecimiento. La figura de Fran Garagarza ha sido clave en este nuevo enfoque, que se distancia de decisiones precipitadas y prioriza el medio y largo plazo. Y la ambición y la conexión con la grada de un Manolo González muy motivado pueden ser decisivas para conseguir el sueño europeo.
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