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Òmnium Cultural: Luchas compartidas, luchas usurpadas (y 2)

Por Luis Caldeiro
domingo, 26 de agosto de 2018
en Política
9 mins read
 

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(Redifundimos este artículo publicado hace unas semanas por su interés sobre los orígenes y los fines de Òmnium. Para leer la primera parte de este reportaje, en el que se analiza el extraño interés de Òmnium Cultural, una entidad creada por millonarios nacionalistas, en ensalzar las luchas populares de la Cataluña de los años sesenta y setenta, puede clicar aquí).

Hay enigmas de tipo político que merecerían ser portada de espacios como Cuarto Milenio. Para el que nos ocupa –¿cómo explicar la súbita “conversión” de Òmnium, fundada por la burguesía catalana y que al parecer jamás apoyó lucha social alguna, en una entidad interesada en el activismo?– sólo hay conjeturas, de momento. Los hay que defienden que con la campaña Luchas Compartidas, Òmnium pretende demostrar que la historia del activismo social en Cataluña, desde los años cincuenta hasta nuestros días, culmina históricamente en el Procés. Y que, de alguna manera, el germen secesionista ya estaba presente, de forma larvada, en todas las luchas anteriores, las cuales, en cierto modo, prefiguraban el independentismo posterior.

Otra teoría, íntimamente ligada a la anterior, habla de entrismo, táctica iniciada por el trotskismo y que consiste en infiltrarse (“entrar”) en otros partidos, entidades y movimientos a fin de hacerse con su control. En Cataluña, el entrismo ejercido por el nacionalismo ha sido proverbial, llegando a impregnar buena parte de la vida pública catalana; la campaña de Òmnium, por tanto, no sería más que otro episodio más. Hay que tener en cuenta que la cuestión social siempre fue el talón de Aquiles del independentismo: Acusado normalmente de insolidario, tanto con el resto de territorios de España como con las clases más desfavorecidas de su propio territorio (al anteponer, según sus detractores, lo identitario a las necesidades sociales), los independentistas han debido esforzarse siempre en contrarrestar esta acusación.

El tema es peliagudo porque afea un movimiento que se presenta como “defensor de la voluntad democrática” del pueblo catalán. Porque, ¿cómo justificar no transferir recursos de una región rica como Cataluña a otras partes de España dadas las desigualdades entre territorios y en momentos de dificultades económicas? ¿O cómo justificar los enormes recursos que los gobiernos nacionalistas han destinado (y destinan) a lo que denominan Estructuras de Estado -desde una hipertrofiada TV3 a la red de oficinas o “embajadas” que Cataluña mantiene como su representación en el Extranjero- en una época de  brutales recortes sociales y económicos como la actual?

Al entrar en el mundo del activismo, el independentismo estaría demostrando sensibilidad social, desmontando así uno de los principales argumentos de sus críticos. De hecho, hoy no es raro ver una destacada presencia secesionista en el ámbito activista. Sin ir más lejos, el pasado 18 de febrero tuvo lugar en Barcelona una multitudinaria manifestación en favor de los refugiados bajo el lema Volem Acollir (“Queremos acoger”). Organizada por la Plataforma Casa Nostra, Casa Vostra, acudieron más de 160.000 personas (500.000 según los organizadores). Pues bien: no sólo hubo una notable presencia de esteladas durante el recorrido, sino que incluso, según informa el digital Crónica Global, el trabajo de los soberanistas fue tan “eficaz” que las acreditaciones de prensa de la marcha se recogían en la sede de Òmnium Cultural.

Además, según la misma nota de prensa, fuentes cercanas a Casa Nostra, Casa Vostra afirmaron que “Òmnium ha redoblado esfuerzos en los últimos días para sumarse a la ola prorrefugiados. En su línea de permear luchas sociales de todo tipo para encajar en ellas la secesión, se ha hecho con miles de banderolas y ha montado actos de sensibilización”.

Salvador López Arnal estuvo también allí, como no podía ser menos. Y su impresión fue negativa: “Estuve en esa manifestación y me sentí muy incómodo de principio a fin. De hecho, la abandoné antes de que acabara”.“Me sentí incómodo” -denuncia- “porque esa manifestación tenía ‘trampa’: Lo que pretendía, en definitiva –y no digo que ése fuera su único objetivo- era difundir la idea de que aquí en Cataluña las cosas se hacen de forma diferente, de que somos solidarios y de que, en cambio, en el resto de España son unos cafres y unos insolidarios. Pues bien: yo no comparto esa idea. Creo que hay gente solidaria tanto aquí, en Cataluña, como fuera de aquí”.

Por si esto fuera poco, una comunicación interna de la otra gran entidad civil independentista, la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña) y también reproducida en el artículo de Crónica Global, parece confirmar la tesis del entrismo secesionista en el movimiento pro refugiados y su instrumentalización en favor de sus intereses: “Hagamos sentir nuestra voz” -rezaba el texto- “demostrando que el pueblo de Cataluña quiere acoger refugiados y pongamos en evidencia que las competencias en derecho de Asilo corresponden al Estado español, un estado insensible con esta crisis humanitaria (…). Pongamos en evidencia que necesitamos la República Catalana para hacer políticas de refugio propias y porque para hacer efectiva la acogida de refugiados hemos de disponer de un estado propio”.

La voz discordante en todo este asunto fue la de Jordi Évole. En un concierto previo en favor de la acogida a los refugiados que se organizó el día 11 de febrero en el Palau Sant Jordi -y que reunió a cincuenta artistas que actuaron durante más de tres horas ante 15.000 personas-, el periodista del programa Salvados arremetió contra las autoridades por su falta de acción ante la crisis de los refugiados. Pero arremetió contra todas, hasta contra las soberanistas, desarticulando, de paso, la coartada del independentismo en este tema: «Pensad, autoridades, que lo que estáis aplaudiendo desde el palco también nace de vuestra incapacidad política para resolver este tema. Y sabemos que algunos de vosotros lucháis para conseguir que esto no sea así. Pero otros os refugiáis y decís que es un problema de competencias. Yo creo que este no es solo un problema de competencias, es un problema de incompetencias».

La reacción en ámbitos secesionistas, fue, como cabía esperar, airada. Entre las más evidentes, las de Dolors Bassa (consejera de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat) y Lluís Llach (diputado de Junts Pel Sí), en Twitter: “No va de competencias? El asilo sólo lo pueden dar los estados @jordievole por eso queremos ser estado” (Bassa). “Desde el aprecio @jordievole, te ofrezco una frase más ajustada. SI NO QUIERES INCOMPETENCIA, GÁNATE LA INDEPENDENCIA. Salud, suerte y trabajo” (Llach). Sin embargo, personalidades nada sospechosas de españolismo como Lluís Rabell (“Magnífica intervención de Jordi Évole (…) diciendo verdades que interpelan a gobiernos y gobernantes”) o David Fernández, independentista convencido y miembro de la CUP (“Leído cinco veces y no para lincharlo. Sino para comprobar que no sobra nada y lo clava todo. Y hace pensar. Agradecido @jordievole”) elogiaron al periodista, también por la misma red social.

Pero las contradicciones -ésas a las que el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, profesa tanta querencia- siempre acaban aflorando. Un ejemplo: a la manifestación acudió también Carme Forcadell, actual presidenta del Parlamento catalán y ex-dirigente de la ANC. Y en ella aprovechó para reclamar a la UE un cambio en sus políticas hacia los refugiados, que calificó de “nefastas”, a fin de acoger a más personas. La misma Carme Forcadell que, en un acto público celebrado el 26 de mayo de 2013, afirmaba: “El PP y Ciudadanos son nuestros adversarios; el resto somos el pueblo catalán”. Curiosa paradoja: quien hoy reclama una mayor generosidad en la acogida de refugiados -loable empeño- hace cuatro años se permitía señalar quién es pueblo catalán -y quién no-.

UN FENÓMENO POLIÉDRICO

Vicente Serrano es un activista político y articulista de largo recorrido. Participó en el Foro Babel, un grupo de intelectuales que elaboró sendos manifiestos donde, recuerda, “se criticaba, desde una perspectiva de izquierdas, la imposición del catalán como lengua única en la enseñanza y, a la vez, como instrumento de asimilación identitaria y no sólo de catalanización”. “En este sentido” -afirma-“los manifiestos de Foro Babel son hoy tan actuales como en aquella época” (Aquí tienen el primer documento y aquí el segundo).

También trabajó activamente en el proyecto que dará lugar al partido que hoy conocemos como Ciutadans, formación que abandonó en 2007, cuando, en su opinión,“se hizo evidente su deriva hacia la derecha”. Y cuando surge Podemos, ingresa en el Círculo de Nou Barris (Barcelona), donde intenta articular una alternativa de izquierdas y no nacionalista, que acabará como el rosario de la aurora: “El Círculo de Nou Barris llegó a adquirir especial relevancia, e inevitablemente chocamos con el Círculo de Barcelona, próximo a la dirección estatal y pro-soberanista. La página de Facebook de nuestro Círculo fue hackeada, en un auténtico ataque para cortarnos las alas. Es un delito que se denunció y que todavía hoy está sub iudice”.

Tras dejar Podemos, se vinculó a la formación Recortes Cero. Y hoy es presidente de Alternativa Ciudadana Progresista (ACP), asociación que pretende ser un punto de encuentro de gentes de izquierda con un denominador común: el rechazo a todo nacionalismo. Recientemente ha publicado el libro El valor real del voto (El Viejo Topo), donde analiza el sistema electoral español y propone una reforma para hacerlo más justo y representativo.

Para empezar, Serrano confirma la teoría del entrismo, pero la hace extensiva no sólo a las luchas sociales: “Desde el principio, el nacionalismo, incluso antes de la Transición” -afirma- “tuvo clara la necesidad de impregnar todos los partidos políticos, de todo el arco ideológico catalán. Hasta alcanzar lo que algunos han denominado el Partido Único Catalán (PUC)”. “Y eso es cierto” -recalca- “en tanto en aquel momento llegó a impregnar a todos, desde la derecha (Estat Català) a la izquierda (PSUC, MCE, PORE), a base de ‘entrar’ o introducir en la dirección de cada partido a personajes procedentes de la burguesía catalana”.

Ese entrismo se ha venido practicando desde entonces, asegura, con el objetivo de dominar la vida pública catalana y conseguir que “todo aquello que cae fuera de la órbita nacionalista no sea considerado catalán”. Y aquí enlaza con la tercera hipótesis que podría explicar la conversión de Òmnium: la necesidad de eixamplar la base social (“ensanchar la base social”) del Procés, tal como dicen los propios independentistas. “Porque se han dado cuenta” –argumenta- “de que tras treinta años no han conseguido la mayoría social necesaria para conseguir la secesión”. “Necesitan” –prosigue- “gente que vaya a votar al referéndum, aunque sea ilegal”. Y explica su tesis: “Si en la consulta del 9-N sólo hubo una participación del 37% del censo, su objetivo ahora es que en el próximo referéndum (sea o no legal) la participación alcance el 51% como mínimo”.

El independentismo, a su juicio, ha tocado techo.“Son los que son. Lo demuestran las últimas encuestas. Por tanto, lo que quieren es un incremento de participación, aunque sea a costa de votos negativos a la independencia. ¿Por qué? Básicamente, para legitimar la consulta, para presentarla como un hecho democrático, que es la gran trampa del independentismo. Pero también porque los ‘noes’ que participen nunca serán superiores a los ‘síes’, sobre todo si la consulta es ilegal”. Algo que no ocurriría, en su opinión, si el referéndum se celebrase de forma pactada y con garantías. “En ese caso” –asegura- “ganaría el ‘no’ clarísimamente. Pero en las condiciones en que plantea celebrarlo el nacionalismo, los ‘noes’ nunca superarán a los ‘síes’ porque habrá una abstención muy importante”. ¿Y si tan segura sería la victoria del “No” en un referéndum legal, por qué el gobierno central se empecina en impedirlo? “Porque sería reconocerle a Cataluña” –concluye- “una soberanía que no tiene, reconocerla como sujeto soberano”.

La conclusión final es que conseguir ese nivel de participación cualificado del 51% “requiere inevitablemente que se adhieran los ‘charnegos’ (catalanes castellanoparlantes, en su mayoría de clase baja o media-baja, que habitan las periferias y proceden de la inmigración del resto de España). “Aunque sea para votar ‘no’ a la independencia”, insiste. Unos charnegos que, por su extracción social, han tenido un protagonismo crucial en las luchas sociales que se han ido sucediendo en Cataluña durante los últimos cincuenta años. Lo que nos lleva a Òmnium, una vez más.

“Más que tres explicaciones distintas para la “conversión” de Òmnium Cultural” -concluye- “estamos ante tres caras de un mismo fenómeno poliédrico. Son tres caras de la misma verdad”.


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