Rodalies – los trenes de cercanías en Cataluña – sigue provocando pesadillas a los viajeros. Parte del techo del puente entre el aeropuerto de El Prat ha caído por la lluvia el sábado por la tarde, lo que ha provocado una oleada de indignación entre los usuarios de un servicio público cada día más deteriorado. Las quejas por el mal estado habitual de este pasillo y la falta de mantenimiento del mismo han sido la norma.
Este hecho se une a la ‘semana negra’ que han vivido los usuarios de Rodalies esta semana, con cortes de suministro de las catenarias, huelgas encubiertas de los conductores de los convoyes o usuarios teniendo que salir del convoy en medio de las vías al estar parado durante más de una hora, abarrotado y sin ventilación.
Por no hablar de los continuos retrasos producidos por el fin de las obras en la estación de Sant Vicenç de Calders, que ha sido el detonante del caos. Pero la mala situación de Rodalies viene de lejos, fruto de la ineficacia de la administración que es titular de la gestión – la Generalitat – y la responsable de las infraestructuras ferroviarias – el Ministerio de Transportes -.

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