El pasado 27 de octubre unos desalmados perpetraron un verdadero acto salvaje contra la imagen de la Virgen María de la Cinta situada en la cumbre del Monte Caro (el más alto de la provincia de Tarragona, 1441m), perteneciente al municipio de Roquetes. La Virgen de la Cinta es la patrona de Tortosa, localidad vecina de Roquetes.
Los Mossos d’Esquadra y la Policía Local de Roquetes, al parecer, siguen desde entonces las investigaciones para intentar identificar al individuo o los individuos causantes del gravísimo destrozo de la escultura de piedra de la Virgen María ubicada dentro de la hornacina del monolito que corona la cumbre del Monte Caro en el macizo del Parque Natural dels Ports, que los vándalos destrozaron dejando los trozos tirados por el suelo.

La imagen ya había sufrido otros actos vandálicos de menor importancia, aunque el 14 de julio de 2020 – poco después de que la escultura fuera restaurada por encargo de la Reial Arxiconfraria de la Cinta – sufrió importantes daños al ser golpeada con piedras que destrozaron la corona y otras partes de la venerada imagen. Decir que la actual imagen fue inaugurada en el año 1956, por iniciativa de la sección de Tortosa de la Unión Excursionista de Cataluña. ¿Será por ello que algunos lo consideran también un símbolo franquista que debería desaparecer?
Sea como sea, es evidente que vivimos en un contexto de una creciente cristianofobia, que muchas veces se manifiesta con este tipo de ataques a símbolos católicos, que con frecuencia son amparados por organizaciones de ultraizquierda. «¡Arderéis como en el 36!» es uno de los gritos de guerra que la izquierda radical ha vuelto a enarbolar, en los últimos años, en sus ataques contra la Iglesia.

Este grito recuerda demasiado a la terrible persecución religiosa iniciada ya durante la II República, que explosionó durante la Guerra Civil española produciéndose una de las persecuciones religiosas más grandes de todos los tiempos, marcada por infinidad de actos de vesania y de crueldad extrema con fines explícitos de exterminio del clero y de los fieles más comprometidos, abarcando la matanza incluso a gente por el mero delito de ir a misa.
Hubo además un programa deliberado de erradicación de cuanto recordase la religión cristiana: incendio de iglesias y monasterios, destrucción de las cruces y lápidas con signos religiosos en los cementerios, destrozo o robo de objetos valiosos de culto, de bibliotecas, archivos, etc. Causándose daños invalorables al patrimonio histórico, artístico y bibliográfico de la nación. Lo sucedido en Tortosa en 1936 por parte del Front Popular fue un buen ejemplo de esto. En la Archidiócesis de Tortosa fueron asesinados 316 religiosos, el 62% del total, unos de los porcentajes más altos producidos en toda España.
Salvador Caamaño Morado (autor del libro: “Tarragona 1936. Terror en la retaguardia”, y exdirigente en los años 70 y 80 del PSUC, PCC y CC.OO. en Tarragona).
NOTA DE LA REDACCIÓN: elCatalán.es necesita su apoyo para seguir con nuestra labor de defensa del constitucionalismo catalán y de la unidad de nuestro país frente al separatismo. Si pueden, sea 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















