En estos momentos difíciles para el constitucionalismo catalán, que ha sido abandonado definitivamente por un PSC que ha decidido que la investidura de Sánchez es más importante que garantizar la impunidad de ERC y Junts, hay que buscar elementos de esperanza, de pensar que muchos catalanes no estamos con el golpe institucional de los socialistas, que están dispuestos a acabar con nuestro sistema judicial democrático y con el imperio de la Ley.
Por ejemplo, recordemos que cuando el navío de formación de la Armada Española, el Juan Sebastián Elcano, hace escala en Barcelona consigue que haya grandes colas de ciudadanos deseosos de visitarlo. Y no olvidemos que siempre que en una feria de formación o de temas laborales que se celebre en Cataluña hay un stand de las Fuerzas Armadas este es uno de los más visitados. Y no faltan las muestras de apoyo a la Familia Real. O el apoyo a la selección nacional de fútbol cuando juegan en nuestra comunidad autónoma.
Hay millones de catalanes que nos sentimos orgullosos de nuestras instituciones y lo demostramos. Eso de las “Fuerzas de ocupación” que se han inventado los separatistas más agrestes para hablar del Ejército, la Guardia Civil o la Policía Nacional es pura propaganda. Por eso cada vez que hay una catástrofe en Cataluña, millones de catalanes estamos deseando que la Unidad Militar de Emergencia venga a echarnos una mano, como es su obligación.
Por mucho que haya políticos separatistas que no quieran verlos por aquí, porque no les gusta la bandera rojigualda que llevan en su uniforme, los ciudadanos sí que apreciamos su valor y su labor abnegada para garantizar nuestro bienestar y nuestra seguridad cuando vienen mal dadas. Todos recordamos la inmensa labor que hicieron durante la pandemia, apoyando a los sanitarios desinfectando instalaciones.
Hay que conseguir que lo común, lo que nos une a todos los españoles, tenga más presencia en Cataluña. No podemos dar por perdida la batalla de los símbolos y suponer que esta región de España ya está perdida para el constitucionalismo y que es un feudo inexpugnable del separatismo. Insisto, cuando nos dan a los catalanes la oportunidad de mostrar nuestro apego a nuestro país, España, lo demostramos.
Si viene la selección de fútbol a jugar un partido amistoso contra una selección como Albania, llenamos el RCDE Stadium. Si hay un triunfo deportivo importante del combinado nacional, se llena el centro de las principales ciudades catalanas. Si hay que manifestarse para defender a nuestra Nación, sacamos a centenares de miles de personas a la calle con banderas de España y de Cataluña, como ocurrió el 8 de octubre de 2017, el 29 de octubre de 2017 o el 8 de octubre de 2023.
Por eso no hay que dar la batalla por perdida y solo falta que alguien se tome esta cuestión en serio y decida que no se puede permitir que el separatismo intente desterrar todo lo que ‘huela’ a España de Cataluña, y desarrolle un plan para que la lengua, la cultura, los símbolos y las instituciones comunes a todos los españoles tengan cada día más presencia en esta comunidad autónoma.
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