Andalucía ha vuelto a dictar sentencia y consolida el cambio de ciclo político en España. El Partido Popular de Juanma Moreno ha logrado una victoria incontestable en las urnas este domingo al imponerse en las ocho provincias y capitales de la comunidad. Sin embargo, el examen electoral deja un sabor agridulce en las filas de los populares al quedarse a las puertas de la gestión en solitario.
Los 53 escaños obtenidos por la candidatura de Moreno certifican el respaldo mayoritario de los andaluces a las políticas del PP. El problema radica en que el listón de la mayoría absoluta se sitúa en los 55 diputados en el parlamento andaluz. Los populares pierden la hegemonía total que mantenían desde hace cuatro años y se verán obligados a abrir el tablero de las negociaciones de manera inmediata.
La gobernabilidad de la región más poblada del país mirará directamente hacia los 15 representantes obtenidos por la formación de Santiago Abascal. VOX mejora ligeramente sus prestaciones respecto a la anterior cita autonómica – sube un escaño – y se convierte en el actor indispensable para desbloquear la investidura en San Telmo. El nuevo escenario abre un debate complejo sobre si la alianza se traducirá en una coalición formal o en un mero apoyo externo.
La cruz de la jornada electoral tiene unas siglas muy claras y un responsable directo en el Palacio de la Moncloa. El Partido Socialista Obrero Español ha cosechado el peor resultado de toda su trayectoria histórica en lo que un día fue su gran feudo inexpugnable. El proyecto personal de Pedro Sánchez sufre un revés letal en el sur que anticipa un final de ciclo nacional irreversible.
La apuesta de enviar a la ministra María Jesús Montero a liderar el cartel electoral ha terminado en un fracaso de dimensiones colosales. La candidatura del PSOE se ha hundido hasta los 28 escaños, una cifra que evidencia el absoluto rechazo social a los postulados del Gobierno central. El electorado andaluz ha castigado con dureza un perfil muy ligado a los años más oscuros de la gestión socialista en la Junta. Es el peor resultado en unas autonómicas andaluzas y baja dos escaños con respecto a los anteriores comicios.
La debacle de la izquierda andaluza confirma una tendencia de desgaste que ya se visualizó en territorios como Extremadura, Aragón o Castilla y León. El bloque progresista se muestra incapaz de movilizar a su electorado frente a un centroderecha que ya supera holgadamente el 55% de las papeletas. Los socialistas pagan el precio de haber abandonado la centralidad política para abrazar discursos radicalizados que no sintonizan con la calle.
La brecha que separa hoy al Partido Popular de la segunda fuerza política roza los veinte puntos de diferencia en el escrutinio. Este dato histórico demuestra que el cambio de mentalidad en la sociedad andaluza está plenamente asentado tras casi cuatro décadas de hegemonía socialista. El electorado del sur prefiere la estabilidad institucional frente a los experimentos de gestión y las alianzas extremas del sanchismo.
En el espacio situado a la izquierda del PSOE, la batalla interna se ha saldado con un severo correctivo para las plataformas tuteladas desde Madrid. La marca Adelante Andalucía ha logrado imponerse con ocho diputados – ha subido seis – en su pugna particular contra la coalición liderada por IU y Sumar, dado que Por Andalucía solo ha mantenido sus cinco escaños. El fracaso de las siglas vinculadas a Sumar y Podemos demuestra la descomposición de un espacio político fragmentado y sin rumbo.
El mapa político resultante de estos comicios no deja margen para alternativas de gobierno lideradas por la izquierda. El bloque constitucionalista tiene el mandato claro de seguir transformando la economía regional desde la libertad de mercado y la bajada de impuestos. La única incógnita parlamentaria será la fórmula matemática que elijan el PP y Vox para articular el nuevo ejecutivo autonómico.
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