Manolo González se quitó una losa de encima en Pamplona. Tras sufrir en las últimas jornadas y verse con la soga al cuello, el RCD Espanyol reaccionó a lo grande con una victoria crucial por 1-2 ante Osasuna. El técnico blanquiazul, que ya avisó tras vencer al Athletic que no estaría tranquilo hasta lograr la salvación, reconoció la inmensa felicidad que inundó el vestuario al asegurar la permanencia en Primera División.
El entrenador admitió que el duelo en El Sadar estuvo cerca del empate, pero destacó que el fútbol ha devuelto los puntos perdidos en otros encuentros. La clave del éxito, según el preparador perico, ha sido la inquebrantable unión del grupo en los momentos más críticos. González recordó la condición humana de sus futbolistas y defendió que la plantilla se ha dejado la piel en el campo para mantener al club en la máxima categoría.
La mala dinámica de las últimas jornadas complicó la gestión mental del equipo, que venía de una primera vuelta histórica con 33 puntos antes de encadenar 18 partidos sin ganar. El técnico explicó que la plantilla ha sufrido mucho, especialmente aquellos jugadores que ya habían vivido descensos en Barcelona. Para Manolo González, el bache reciente no era un problema deportivo, sino un bloqueo psicológico que se ha roto gracias a las dos victorias consecutivas.
El técnico se mostró profundamente conmovido por el apoyo incondicional de los seguidores pericos en Pamplona. Escuchar su nombre coreado por la grada tras una racha tan negativa le generó un agradecimiento eterno hacia la afición. El estratega valoró positivamente las críticas recibidas durante la crisis, pero ensalzó el mérito de aquellos que se subieron al barco y mantuvieron la confianza cuando la situación era más compleja.
Con el objetivo de la salvación cumplido, Manolo González confirmó su deseo de continuar en el banquillo blanquiazul la próxima temporada. El técnico, que tiene un año más de contrato, afirmó sentirse con fuerzas renovadas a pesar del desgaste sufrido en los últimos meses. Su prioridad ahora es que la entidad logre la estabilidad necesaria para crecer, mejorar y desarrollar el proyecto deportivo que el cuerpo técnico tiene en mente.
El Espanyol llegó a ver el panorama muy oscuro por la falta de margen temporal para reaccionar, pero el golpe definitivo llegó en el momento más oportuno. La liberación final en El Sadar se celebró en el vestuario como si se hubiera ganado un título continental. Tras asegurar la continuidad en Primera, el club catalán ya puede empezar a planificar el futuro con la tranquilidad de haber esquivado el abismo de Segunda.
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