Mónica Oltra ha decidido volver al ruedo político por la puerta grande. Tras años de silencio, la exvicepresidenta anuncia su candidatura a la alcaldía de Valencia. Lo hace bajo el amparo de ‘Iniciativa del Poble Valencià’, el núcleo duro de su formación. Esta maniobra busca resucitar a un espacio político dando alas a una política que resultó salpicada por un escándalo de abuso de menores.
El anuncio llega exactamente 1376 días después de su estrepitosa dimisión. Aquella salida fue forzada por la gestión del Gobierno autonómico valenciano ante el abuso de una menor tutelada. El responsable de aquel horror fue su propio exmarido, un hecho que marcó su carrera. Ahora, Oltra pretende que los valencianos olviden aquel episodio de su gestión.
La situación judicial de la candidata es, sencillamente, insostenible para cualquier estándar democrático serio. El pasado 5 de marzo, la justicia abrió juicio oral contra ella por supuesta prevaricación. Se le acusa de organizar un presunto encubrimiento para proteger su carrera política.
La Audiencia Provincial de Valencia ha tenido que ordenar hasta dos veces que se siente en el banquillo. Los delitos que se le imputan son de una gravedad extrema para una servidora pública. Hablamos de malversación, abandono de menores y omisión del deber de perseguir delitos.
En este escenario, el papel del PSOE resulta especialmente vergonzoso por su complicidad histórica. No hay que olvidar que la Generalitat Valenciana es responsable civil subsidiaria de estos desmanes. Bajo la presidencia del socialista Ximo Puig, la administración falló estrepitosamente en la protección de la menor. Los socialistas prefirieron mirar hacia otro lado para salvar su pacto de gobierno.
No hay épica en el abandono de una menor tutelada por la propia administración. Solo hay una estrategia de supervivencia personal para eludir las consecuencias de sus actos. Resulta paradójico que quienes daban lecciones de ética hoy aplaudan este retorno. La izquierda valenciana demuestra una falta de cuadros alarmante al recurrir a una figura tan quemada.
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