La decadencia del ‘procés’ ha arrastrado consigo a sus principales altavoces, dejando a la ANC en una situación de absoluta irrelevancia. La entidad, que antaño presumía de movilizar a las masas, hoy no es más que un eco lejano de lo que pretendió ser. El desinterés es tan palpable que ni siquiera logran despertar el entusiasmo de sus propios fieles para renovar sus órganos internos.
El próximo mes de abril, los socios están llamados a las urnas para elegir el nuevo secretariado de la entidad que preside Lluís Llach. Sin embargo, la expectación brilla por su ausencia.. El desánimo se ha instalado en una base social que empieza a ver las costuras de una estrategia basada en la confrontación constante.
Las cifras de este proceso electoral son, sencillamente, demoledoras para el prestigio de la organización secesionista. De las 77 plazas que componen el órgano de dirección, solo se han presentado 64 aspirantes para ocuparlas. Sorprende que la falta de voluntarios se produzca tras una reforma estatutaria diseñada precisamente para facilitar la participación. La entidad flexibilizó la limitación de mandatos en junio, permitiendo el regreso de antiguos dirigentes tras un periodo de pausa. Pero ni la posibilidad de reenganchar a viejas glorias del separatismo ha servido para frenar la sangría de liderazgos.
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