👕 Això no és només una samarreta.
✊És compromís. És lluita. És independència.
Hi soc. Hi som.
Presentem la samarreta i el lema d’aquest 11-S!
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— Assemblea Nacional Catalana (@assemblea) June 25, 2026
La ANC busca desesperadamente recuperar el pulso perdido en las calles. La entidad independentista ha presentado este jueves la campaña para la próxima Diada, evidenciando los síntomas de agotamiento que arrastra el movimiento. Bajo el lema «Hi soc. Hi som. Independència», la organización intenta apelar a la responsabilidad individual ante la evidente apatía de sus bases.
El objetivo político de la movilización ya no es interpelar al Estado, sino canalizar la frustración interna. La ANC pretende convertir el próximo 11 de septiembre en un termómetro del malestar contra la Generalitat. El foco de sus críticas se centra ahora en el Ejecutivo de Salvador Illa, al que califican despectivamente de «españolista».
La estrategia para captar la atención de los ciudadanos pasa por una mirada nostálgica al pasado reciente. Para la camiseta de este año, la entidad ha decidido recuperar el color amarillo más icónico de sus años dorados. Es un intento explícito de evocar la estética que dominó el panorama político catalán hace más de una década.
En concreto, la organización copia el diseño cromático que tiñó las movilizaciones multitudinarias de 2013 y 2014. Con este retorno a los orígenes visuales, la ANC pretende maquillar la pérdida de capacidad de convocatoria actual. La dirección de la entidad reivindica aquella etapa como el motor que situó la cuestión catalana en el foco internacional.
El discurso de la ANC insiste en que los avances del separatismo dependen exclusivamente de la presión ciudadana constante. Sin embargo, el contexto actual dista mucho de los años del ‘procés’, con una sociedad civil visiblemente cansada de promesas incumplidas. La apelación al compromiso personal refleja el temor de los organizadores a una fotografía de calles semivacías.
La presentación de este jueves confirma que el independentismo carece de una estrategia renovada a largo plazo. Al fiar su discurso a la nostalgia de las grandes manifestaciones, demuestran una preocupante falta de alternativas políticas. La apelación a la épica de 2014 suena hoy más a un ejercicio de melancolía que a una propuesta de futuro real.
Habrá que ver si el recurso del color amarillo surte efecto entre las bases más desencantadas con sus propios partidos políticos. ERC y Junts miran de reojo una movilización que también suele pasar factura a las formaciones soberanistas tradicionales. La entidad radical se empeña en demostrar que todavía mantiene el control de la agenda callejera en Cataluña.
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