RTVE ha decidido exportar su cuestionable modelo de parrilla politizada a las desconexiones regionales. El objetivo es claro: Andalucía y la Comunidad Valenciana. Estas dos autonomías, piezas fundamentales en el tablero electoral, verán cómo su programación territorial se transforma de forma exprés este mismo mes de febrero.
La dirección de la Corporación, liderada por José Pablo López, ha puesto en marcha una conversión acelerada de estos centros de producción, tal y cómo ha adelantado ABC. No se trata de una mejora técnica, sino de una estrategia diseñada para aumentar la influencia en regiones donde el centroderecha gobierna o aspira a consolidarse. El plan incluye un refuerzo inmediato de las plantillas.
Una carta remitida por el presidente de RTVE a los sindicatos UGT y SI confirma la urgencia del movimiento. En el documento, López expresa su voluntad de que esta transformación se culmine «este mismo mes». Las reuniones con los comités de empresa ya están en marcha para dar cobertura legal a un despliegue de recursos humanos sin precedentes.
La ampliación de plantilla no es baladí: más de 60 nuevos profesionales se incorporarán a estos centros territoriales. Bajo el pretexto de «aumentar el servicio público», la realidad apunta a una necesidad de controlar el relato en fin de semana y festivos. Actualmente, la desconexión se limita a los días laborables.
La hoja de ruta pretende implantar informativos especiales sobre asuntos de actualidad en desconexión total. Pero el plato fuerte es la creación de un magazine diario vespertino para cada comunidad. Es aquí donde se espera que RTVE replique el formato de programas de debate con un marcado sesgo ideológico.
El referente de este modelo es «2Cat», la versión catalana de La 2. En Cataluña, RTVE ya ha demostrado que puede generar una programación alternativa donde la actualidad política se moldea a conveniencia. Programas como ‘Malas lenguas’ sirven de espejo para lo que pronto llegará a Sevilla y Valencia.
La celeridad de esta operación genera serias dudas sobre la neutralidad de la televisión pública. Convertir centros territoriales en sucursales de agitación ideológica justo antes de ciclos electorales es una práctica que erosiona la confianza institucional. El servicio público vuelve a quedar supeditado al interés de Moncloa.
Andalucía y Valencia son los nuevos campos de batalla para un PSOE que necesita ampliar su dominio informativo regional. Con más de 60 contrataciones y nuevas franjas horarias, el ente público se prepara para una ofensiva comunicativa que poco tiene de plural y mucho de supervivencia partidista.
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