Nuestro modelo policial está enmarcado en los años ochenta y basado en la protección de un naciente sistema que padecía un riesgo de involución democrática.
Ese riesgo ya quedó atrás pero el modelo sigue vigente en la legislación, en los partidos políticos y en los protocolos de actuación policial.
En este marco es muy difícil combatir las nuevas formas de criminalidad que cada vez son más agresivas y lesivas, tanto para los ciudadanos como para los agentes de los diferentes cuerpos policiales.
Desde luego que siempre ha existido delincuencia y que no podemos ligar exclusivamente su aumento a los procesos de inmigración pero hemos de evidenciar que existen nuevas situaciones propias de un mundo globalizado.
La mezcla de culturas es una seña de identidad española, dado que fuimos un Imperio vastísimo, pero lo instantáneo de la redes sociales y la autocensura de los medios de comunicación y los partidos políticos están etiquetando perversamente a quienes señalan los problemas.
Por un lado, se mantiene un modelo policial caduco y por otro se ofrecen en formato instantáneo los hechos delictivos diarios generando sensaciones de inseguridad en la ciudadanía.
Y como siempre el poder legislativo llega tarde y mal a los problemas. Ni nuestra presencia en la Unión europea nos ha servido para que los legisladores adopten medidas preventivas en base a las experiencias de otros países europeos que, por la lógica propia del modelo Schengen, pueden y llegan a nuestro país.
Es lamentable ver la reiteración de actos delictivos en las grandes ciudades españolas y como la ciudadanía se autoorganiza para dar la respuesta que el poder político es incapaz de dar por su anacrónico modelo policial.
Que nuestros servidores públicos estén más preocupados por las repercusiones disciplinarias y juicios mediáticos a posteriori afectan notablemente a la seguridad ciudadana y a la propia de los policías.
Si los buenistas repararan en el hecho evidente que para reducir a un exaltado con armas blancas deban personarse mínimo 6 policías para jugar al despiste y poder reducirlo, tal vez los criterios económicos por los medios humanos empleados o las zonas que quedan temporalmente sin proteccion policial podrían hacerle reflexionar en positivo. Tal vez, reitero, dado que lo normal es etiquetarme acto seguido a leerme.
Asimismo los políticos acostumbrados a llevar escolta policial podrían dejarse caer solos por zonas conflictivas para empatizar con el resto de la ciudadanía y proponer reformas del caduco modelo policial vigente dónde las actuaciones democráticas prevalecen.
Va siendo hora de legislar preventivamente para defender a la ciudadanía de los nuevos retos en la seguridad ciudadana, dotando de herramientas legislativas adecuadas a los policías para evitar esta hiper defensa del delincuente frente al mínimo margen de maniobrabilidad de nuestros cuerpos policiales.
Dejemos ya la autocensura y complejos democráticos.
David Hernández es presidente de Politeia
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