Los bares y restaurantes son terreno propicio para que cualquier separatista reconvertido en ‘cuñadoman’ o ‘cuñadawoman’ te dé la paliza si considera que eres desafecto a la causa de la estelada. No pueden evitarlo, es superior a sus fuerzas, tras años de ver TV3 y escuchar RAC1.
En vez de respetar tu derecho a comer tranquilo se creen con la obligación de soltarte el rollo, por mucho que tu mirada o tus palabras indiquen que lo mejor que podría hacer el pesado de turno es ir a molestar a su familia y dejarte a ti en paz.
Miquel Giménez relató en el libro ‘Flipando con el procés’ (Ediciones Hildy) su interacción con una de estas ‘heroínas’ de puro plomo: “Salía de comer con unos amigos y nos encontramos a una gente de esos que te miran y empiezan a murmullar, medio maldiciendo, en voz alta. Y se me acercó una señora bien, de estas que han dejado de jugar al bridge para tejer jerséis amarillos, y me dijo que ‘parece mentira, que usted siendo tan inteligente no esté con el president Torra’. Y le contesté que ‘precisamente por eso señora, porque soy muy inteligente no puedo estar con él”.
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