El escritor Miquel Giménez presentó en el canal de YouTube de elCatalán su último libro, Cómo Sánchez destruye España (Ediciones Sekotia), concebido no solo como un diagnóstico crítico, sino también como una herramienta que plantea alternativas y busca infundir «moral a la tropa». Giménez explicó que la obra es una «autopsia» al sanchismo, empleando un bisturí para diseccionar las metástasis que este fenómeno ha generado en el cuerpo de la nación, analizando su impacto en la justicia, los medios de comunicación y el sistema político. El objetivo es claro: demostrar que la decadencia actual no es inevitable ni un castigo eterno, sino un mal que se puede revertir.
Según Giménez, el presidente Pedro Sánchez manifiesta una profunda incomodidad con la unidad y la pluralidad que históricamente han constituido la riqueza de España. El sanchismo se fundamenta en un revisionismo totalitario de la historia y en la vieja técnica de la división: lograr que el poder campe a sus anchas manteniendo a la ciudadanía enfrentada y peleada. Esta estrategia ha explotado los defectos nacionales, como la creencia de que «todas las opiniones son respetables» o la falta de seriedad en la clase política, para edificar un muro entre los «buenos» —los afines al Gobierno— y los «malos» —el resto de la nación—, exacerbando las rivalidades territoriales.
Un análisis crucial del libro se centra en el complejo de inferioridad del sanchismo. Esta debilidad intelectual se manifiesta en el Congreso con figuras como Félix Bolaños, que son constantemente superados por la oposición, especialmente por la «filípica perfecta» de Cayetana Álvarez de Toledo. Giménez subraya que España está, tristemente, gobernada por personas que se saben inferiores intelectualmente. Esta mediocridad se extiende al ámbito cultural, donde la creación se ha convertido en una serie de obras sectarias subvencionadas que tienen como único denominador común la ridiculización de lo sacro, lo patriótico o lo tradicional, a pesar de que el público las ignora.
El autor advierte de los peligros de esta instrumentalización cultural, la cual ha llegado a tolerar actos como una «vagina gigantesca remedando una procesión» en Barcelona. Esta intransigencia, alimentada por el miedo al ridículo, es una muestra de lo que el filósofo Sartre llamó «impotencia intelectual», un déficit que, en España, es pagado por todos los ciudadanos. Giménez recuerda, con un toque de alarma, que trivializar estos símbolos ha tenido graves consecuencias históricas en el país, citando el fusilamiento de un alcalde de Lérida durante la Segunda República por permitir la cabalgata de Reyes.
En lo relativo a los medios, el libro denuncia que el sanchismo ha socavado el papel del cuarto poder. Los medios públicos y una gran parte de los privados han dejado de cumplir su labor fiscalizadora para ponerse al servicio del Ejecutivo, comportándose como el antiguo Pravda soviético. Esto se ejemplifica con las tertulias no plurales de TV3, donde se practicaba un «cuatro contra uno» para silenciar al constitucionalista. Y las comparó con las tertulias plurales del programa Horizonte (Cuatro). Además, señala que el Gobierno está desdibujado y que el único enemigo es Sánchez, pues el resto de ministros son meros adláteres sin personalidad, y aquellos que han intentado tenerla (como Nadia Calviño) han acabado abandonando el barco.
Para revertir esta situación, Giménez propone dos claves. La primera es que la sociedad despierte y asuma la gravedad de la enfermedad. La segunda es la unidad de todos los sectores no alineados con la izquierda, ya sean del PP, VOX o ciudadanos desencantados. Su solución es un Pacto del Botánico a la inversa, un acuerdo de mínimos con el único objetivo de que Sánchez se tiene que ir. Este pacto debe ser sellado para que las urnas reflejen el sentir mayoritario de la nación. La vía más democrática y urgente, enfatiza Giménez, es pedir elecciones ya, permitiendo a los españoles decidir si desean o no continuar con el actual Ejecutivo.
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