Mikimoto: ¿la patria como negocio? (y 2)

Foto: Kippelboy

 

Las críticas a Miquel Calçada, Mikimoto, por las ayudas que los medios vinculados a él reciben de la Generalitat no son nuevas. En entrevista concedida en 2014 a El Periódico de Catalunya, respondía así a los reproches: “Durante 23 años he sido socio de un grupo de radio, Grup Flaix, cuya máxima fundacional fue nadar contracorriente y no pedir ayuda a ningún estamento público. Lo mantuvimos durante 14 años, hasta que la pedimos, como otros grandes medios, y nos la dieron. Si alguien de Madrid se fija en eso, que es un dato publicado en el DOGC…”

Miquel Calçada recurre en su respuesta al Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña (DOGC), pero en realidad no lo necesita: nadie pone en duda que las subvenciones del Gobierno catalán se ajusten escrupulosamente a una normativa, a una legalidad. Otra cosa es si lo legal, además, debe ser ético: el eterno debate. En cuanto a la tardanza en “lanzarse” a solicitar estas ayudas… Lo cierto es que una vez se las concedieron ya no paró de recibirlas. Y hasta hoy. Veamos.

En 1992 Mikimoto pone en marcha, junto a Carles Cuní (hermano del presentador estrella de la cadena televisiva catalana 8TV, Josep Cuní) la emisora Flaix FM, a la que siguieron Ràdio Flaixbac (1994) y Flaix Televisió 2001, constituyendo así el Grupo Flaix en el año 2001. Pues bien: en 2008 el grupo recibió 140.530 euros por la “creación del portal del internauta catalán Flaix.cat” y otros 71.125 por un “estudio de mercado sobre los gustos musicales de los catalanes de la emisora Flaix FM”. Por si esto fuera poco, las dos emisoras del Grupo recibieron sendas subvenciones: Flaix FM se embolsó 52.480,10 euros y Ràdio Flaixbac, 36.102. Un total de 300.237,10 euros.

2009 también fue un año pródigo. Las dos emisoras del grupo recibieron en conjunto más de 82.000 euros, además de 180.000 por un “sistema de transmisión de reproducción vía streaming”. El 2010 supuso un leve descenso, pero el dinero siguió fluyendo: 158.515 euros para la “consolidación y ampliación del proyecto de streaming” y casi 76.000 para las emisoras.

La crisis y los brutales recortes en servicios sociales no hicieron menguar esta “generosidad”: En 2011 el Departament de Presidència de la Generalitat concedió 150.000 euros para la “innovación o mejora sustancial en la digitalización, adaptación de infraestructuras a la tecnología digital y multimedia” de Flaix FM y Ràdio Flaixbac. Y además gastó 131.915,03 euros en la “inserción de cápsulas informativas de interés general para la ciudadanía” en ambas emisoras. Ello sin contar, por supuesto, con las subvenciones directas: 13.311,16 euros para Flaix FM y otros 14.876,94 para Ràdio Flaixbac. Más de 300.000 euros en total, según informó “El Confidencial”.

En el momento álgido de la crisis (2012), cuando se promulgó el famoso decretazo que suprimió de golpe la paga extra a los funcionarios, Flaix FM volvió a percibir 57.076 euros, y Ràdio Flaixbac, 55.463. Y al año siguiente, 51.850 y 51.881, respectivamente. Finalmente, Flaix FM se embolsó en 2014 53.702 euros, que ascendieron a 56.155 en 2015. Y en los mismos períodos Ràdio Flaixbac obtuvo 48.501 y 45.899 euros según el Informe El Audiovisual en Cataluña, años 2012 y 2015 del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC).

Tales cantidades, con ser considerables, son sin embargo peccata minuta, auténtica calderilla, comparadas con lo que han facturado las productoras vinculadas a Calçada por contratos suscritos con la Televisión Pública de Cataluña. Tomemos, por ejemplo, La Sargantana Voladora S.L., sociedad que fundó en 1990. De 2006 a 2012, esta productora obtuvo contratos por valor de 5.119.846 euros. Y Afers Audiovisuals S.L.U., constituida en 2014, facturó ese mismo año 991.163 euros. En total, nada menos que 6.111.009 euros (más de mil millones de las antiguas pesetas). Así se desprende de la respuesta que la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) dio a la pregunta parlamentaria por escrito del diputado Santi Rodríguez i Serra, del PP catalán, sobre contratación de programas por parte de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales en el período 2005-2016.

Podría objetarse que no hay nada reprobable en ello, puesto que ambas empresas produjeron programas de éxito. Pero la cosa se complica cuando nos enteramos de que no todas las productoras reciben el mismo trato a la hora de contratar contenidos con la Televisión Pública catalana. Sin ir más lejos, Gestmusic –una empresa histórica del sector- lleva desde 2011 sin facturar prácticamente nada con ella. O de que una televisión que absorbe enormes recursos públicos –presupuesto, medios técnicos y una plantilla cercana a 2.300 empleados-, debe recurrir a productoras privadas –léase externalizar– para dotarse de contenidos.

La respuesta a la pregunta parlamentaria revela, por ejemplo, que en el período 2005-2016 TV3 gastó 642.746.521 euros en el capítulo conocido como “producción asociada”. Y que de esa cantidad, nada menos que casi la mitad (260,7 millones de euros, o sea, un 40,5%) fue a parar a un selecto club de siete proveedores, de entre una lista de más de 200 productoras. Una política que levanta ampollas tanto en el sector –por centrarse en unas pocas productoras- como entre los trabajadores, que reclaman más producción propia. ¿Es éste el modelo de lo que debería ser una televisión pública? ¿Acaso esta forma de gestión no fomenta el amiguismo?

Para Esperanza García, diputada popular en el Parlamento catalán, la respuesta es obvia: “Los datos de contratación externa de TV3 durante los últimos diez años demuestran que, efectivamente, hay amiguismo. Por ejemplo, hay contrataciones que son muy llamativas. No es razonable, ni ético, ni estético (aunque sí legal) que la Televisión Pública Catalana contrate a empresas -con facturaciones de hasta 22 millones de euros- pertenecientes a antiguos directores del ente público; o incluso a algunas que son propiedad de actuales presentadores de TV3, como Ramon Pellicer o del propio Miquel Calçada, en su momento”. También señala que “casualmente” hay productoras cuya facturación “depende en un 90%  de TV3”. Y definió la situación financiera de la cadena catalana como “muy delicada” pese a disponer “de unos de los mayores presupuestos de las televisiones autonómicas”. Atribuyó este hecho a su “partidización” y a una gestión -tanto económica como de diseño de contenidos- que describió como “dramática”. Finalmente calificó a TV3 de “poco competitiva”, “politizada” y una “herramienta de propaganda electoralista”.

En cuanto al personaje Mikimoto, señala que no sólo ha sido “beneficiario de contratos muy suculentos por parte de TV3” sino también “candidato al Senado por Convergència”. Y recuerda que, al igual que Calçada, Jordi Pujol afirmó en su día “de forma categórica” que TV3 “no era un medio de comunicación público cualquiera, sino una estructura de estado”.

David Mejía, diputado autonómico por Ciutadans, coincide en el diagnóstico: “Es una evidencia que el modelo actual fomenta el amiguismo. Desde la Generalitat se cree que TV3 es una estructura de estado, que es un medio para fomentar sus posicionamientos ideológicos, y a partir de ahí, creemos que la gestión del ente –cuya presidenta en funciones es directamente una militante de la antigua Convergència- puede favorecer este amiguismo o tratos de favor”. Y pone el énfasis en la transparencia: “El sistema de contratación de una televisión pública con proveedores externos tendría que ser mucho más transparente, precisamente para evitar estas sospechas de clientelismo”. Aunque también admite que con la transparencia no basta: “También son necesarios criterios objetivos a la hora de seleccionar cualquier tipo de proveedor externo”.

Y respecto a Miquel Calçada, se muestra tajante: “Una parte fundamental de este amiguismo es la orientación ideológica. De hecho, hemos hecho muchas preguntas en la Comisión de Control de Medios de Comunicación Públicos, aportando hasta imágenes de algún programa suyo -donde era a la vez presentador y productor-, en el que viajaba por el mundo con una estelada cosida al brazo de la chaqueta. Más claro, el agua”. Finalmente, define a Mikimoto como “un personaje folclórico del Procés”. “Le llamo folklórico” -aclara- “en el sentido de que es un personaje mediático dentro de su parroquia, al que creen que pueden sacarle un rédito político. Básicamente, es un instrumento del Procés para difundir su mensaje, al mismo nivel -salvando las distancias- que Karmele Marchante”.

Calçada, sin embargo, es de los que ‘saben encajar’. En la ya citada entrevista para El Periódico de Catalunya, cuando la periodista Núria Navarro le pregunta si contesta a las críticas, Mikimoto no se va por las ramas: “No. Pero tengo una serie de nombres de gente que ha escrito cosas y que, una vez haya acabado mi tarea, quizá llame para aclarar algunas cuestiones”.

Glups.


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