Facu Díaz y Miguel Maldonado, los dos humoristas a la izquierda del PSOE con más predicamento de la escena cómica nacional, consiguieron hace un par de semanas arrasar en Barcelona. Llenaron dos veces en sábado el auditorio del Fórum, lo que no es poca cosa. Pocos cómicos venden cerca de seis mil entradas para un solo día y con un público con una disposición total a aplaudir todo lo que se moviera en el escenario.
La parada en Barcelona, dentro de la gira de su décimo aniversario actuando juntos, fue un auténtico homenaje a dos humoristas que han hecho una notable carrera gracias al humor político más descarnado. Escuchar a tres mil personas insultar a Isabel Díaz Ayuso, siendo este el momento estelar de todo el espectáculo por el que habían pagado una media de treinta y cinco euros por entrada, demuestra que el fenómeno de Facu Díaz y Miguel Maldonado ha venido para quedarse.
El show fue un ‘grandes éxitos’ de su carrera. Que es, por otra parte, lo que el público fue a ver. Querían volver a ver a personajes históricos como el Dimitri de Maladonado. O volver a escuchar por enésima vez el gag del «salsa, salsa» y verles enfundados en sus trajes estrechos que llevaron en la etapa del ‘No te metas en política’. El sonido no fue perfecto en la parte superior del auditorio pero la voluntad del respetable era reírse y lo hizo a mandíbula batiente.

De hecho cuando uno va a un recital de ‘hits’ históricos, sea de Hombres G o de Bruce Springsteen, no va a que le sorprendan sino a disfrutar del mismo material de siempre. Y tanto Facu como Maldonado lo sirvieron con solvencia y al gusto de ‘su’ respetable. Su reparto de papeles del ‘payaso listo’ y el ‘payaso tonto’ volvió a funcionar, como lo ha hecho montones de veces a lo largo de la milenaria historia de la comedia.
La vis cómica de Maldonado y la capacidad de guionizar de Facu ha conseguido un tándem que se ha convertido en la referencia del humorismo político de izquierda radical. Buena parte de los españoles no se reirán con sus gags e incluso les provocará rechazo. Pero ellos saben que tienen un nicho muy amplio riéndose de la más de media España que no está en su onda. Y cada vez llenan teatros más grandes.
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