Miedo a la libertad

En 1941, Erich Fromm publicaba El miedo a la libertad, un ensayo destinado a convertirse en un superventas a lo largo de las tres décadas siguientes. Más tarde, el descrédito científico de la metodología psicoanalítica empleada le hizo perder atractivo, condenándolo a un olvido tan inmerecido como, probablemente, lo fue su enorme éxito inicial. Es una lástima que ese olvido haga desaparecer algunas de sus finas y acertadas observaciones sociológicas.

Me volvió la obra de Fromm a la memoria con motivo del reciente rifirrafe con la lengua en los exámenes de selectividad en la Universidad de las Islas Baleares. Como ustedes habrán leído, a instancias de diversas asociaciones cívicas y algunos partidos políticos, este año la Universidad de las Islas se avino a ofrecer a los alumnos que lo desearan versiones en castellano de las pruebas de selectividad. Ahora bien, no se editaron todos los exámenes en las dos lenguas en un número equivalente, el modelo en español se ofreció únicamente a aquellos alumnos que expresamente así lo solicitaron.

Que el procedimiento es coactivo se evidencia en que el derecho “solo se puede ejercer si el estudiante, una vez dentro del aula y con el examen de catalán encima de su mesa, reclama expresamente que se le cambie por una prueba en castellano”, según describe el reportaje de El Mundo. Se da el caso, al parecer, de que los profesores habrían intentado disuadir a sus alumnos de hacer uso de ese derecho con la amenaza de que sus exámenes serían corregidos con mayor rigor.

“Baleares esconde a los alumnos el examen de Selectividad en español”, titulaba el mismo periódico, de forma tan escandalosa como acertada porque, ¿de qué otro modo cabe calificar el sistema sino como una maniobra de “ocultación”? ¿Qué persigue el procedimiento sino disuadir o, por lo menos, disminuir el número de peticionarios para presentarlo como algo minoritario, residual? Es interesante subrayar el argumento utilizado por la Universidad en su justificación: “así se hace en Cataluña”.

¿No es éste un caso de miedo a la libertad?

En el área metropolitana de Los Ángeles, en EEUU, donde es casi imposible vivir sin utilizar un medio de transporte privado, los impresos y los exámenes para la obtención del permiso de conducir se ofrecen en más de ochenta idiomas. ¿Qué es lo esencial? Que se garantice que los ciudadanos tienen las aptitudes imprescindibles para conducir con seguridad. En la Universidad de las Islas Baleares las posibilidades de éxito de los alumnos (las calificaciones les abren o cierran las puertas de las facultades a las que desean acceder) son menos importantes que la preservación de sa llengua (en el dudoso supuesto de que la maniobra sirviera para eso).

Y, efectivamente, así se hace en Cataluña desde hace muchos años Y, repetidamente (en la convocatoria de este mismo junio, por ejemplo), los profesores vocales de los centros tienen que discutir con o denunciar a algunos tribunales reacios a facilitar el ejercicio de este derecho. ¿Por qué? Por miedo. Miedo a que, si se deja plena libertad, si se informa a los alumnos de su derecho, se produzca un decantamiento hacia el español y que se pueda dejar en evidencia las maniobras oficiales para erradicarlo de Cataluña (algo cada vez menos necesario, donde la compleción de los planes de inmersión hace que sea difícil que llegue a la selectividad algún alumno con un dominio suficiente del español culto como para afrontar con éxito las pruebas).

Otro tanto cabe decir de las estrategias para sortear las dificultades legales para la implantación del sistema de inmersión. Las leyes y las sentencias de los tribunales otorgan a las familias el derecho a elegir el aprendizaje de la lectoescritura en español, si ese es su deseo (particularmente, si esa es la lengua materna del niño o niña y siguiendo las recomendaciones de todos los expertos e instituciones educativas internacionales). Pues bien, no se informa a las familias de ese derecho, no se incluye en los formularios de inscripción una casilla donde se pueda exhibir la preferencia familiar por esa opción y se somete a los contumaces a un tercer grado en forma de interminables reuniones para convencerles de cuán equivocados están y de que deben renunciar a ella por su bien y el de sus tiernas criaturas. Es más, se habilitan procedimientos disuasorios para aquellos que resisten hasta el final, como la llamada eufemísticamente atención individualizada. ¿Por qué? Por miedo a que se descubra la verdad.

En la Comunidad Autónoma Vasca nos encontramos con una situación similar, con el agravante de que el número de familias vascohablantes (aunque irregular según las demarcaciones) es estadísticamente inferior al de catalanohablantes en Cataluña o las Baleares. Aunque el proyecto de Normalización del Euskera establecía tres modelos que debían adaptarse a la realidad sociolingüística de cada zona y, sobre todo, a la voluntad de los padres, lo cierto es que los tres modelos iniciales se van reduciendo a uno solo, el modelo D, lo que hace confluir el sistema vasco con lo que ocurre en Cataluña y, ahora, en Baleares: inmersión obligatoria. Según rezaba un programa electoral del PNV (cita tomada de Ernesto Ladrón de Guevara, Tribuna del País Vasco): “El proyecto de reconstrucción de Euskadi está indisolublemente ligado al euskera, y no podemos aceptar ni para nosotros ni para nuestros descendientes una Euskadi sin euskera” (la cursiva es mía). En suma, miedo.

En Galicia, otro tanto de lo mismo y acabamos de conocer la disposición de las autoridades universitarias para premiar en metálico las tesis y trabajos de licenciatura redactados en gallego. En La CAV se está discutiendo si exigir el conocimiento del euskera para cualquier empleo público (incluso para los barrenderos). En Cataluña ya se exige hasta a los albañiles desde hace años, y ahora los abogados de la Generalidad, no solo deberán acreditar el conocimiento del catalán, sino que se les exige su uso exclusivo. En Navarra, la situación es aún más chocante porque se favorece el acceso a la función pública a aquellos que sepan hablar euskera pese a que el 87% de la población de navarra desconoce por completo esa lengua. Y, por último (the last, but not the least), la prensa ha dado amplia difusión a los planes para implantar el sistema de inmersión en valenciano (incluso en las zonas donde es claramente residual), mediante trucos y maniobras para sortear las leyes y las sentencias de los tribunales. Miedo a la libertad.

El ensayo de Fromm establecía que la conquista de las libertades llevaba a las personas a una situación de incertidumbre, que la libertad producía en ellas vértigo, al no tener ya establecidas de antemano las pautas conforme a las cuales había que actuar. Una de las opciones para salir de esa incómoda sensación de indeterminación es, según Fromm, el totalitarismo. Lo que tenemos delante es otra forma de miedo, distinta de la que puede producir la emancipación personal. Se trata de la incapacidad para aceptar la realidad tal como es, el miedo a que, si se deja a los ciudadanos escoger en plena libertad sobre el ADN (Maragall dixit) de la nación se desmorone esa ficción mental y el inmenso chiringuito que hay montado en su beneficio.

Por esta causa, todos estos sistemas de inmersión obligatoria están asentados sobre la ocultación, la coacción y el engaño. Por esta causa, nunca se ha sometido a la decisión de las urnas el sistema de inmersión. Por esta causa, nunca se han hecho públicos (si es que existen) estudios serios sobre los efectos de la misma. Si atendemos a las causas, por lo tanto, no es éste el miedo del que hablaba el pensador de la Escuela de Frankfurt, pero sí que es preciso aceptar que sus consecuencias, las prácticas que acabamos de describir, tienen mucho de totalitario.

Y lo irónico es que estos déspotas sedicentemente ilustrados (que creen saber qué es lo que nos conviene a todos y colárnoslo sí o sí, por nuestro bien) son los mismos que acusan a los demás de déficit democrático.


Si quiere colaborar para que elCatalán.es sea un diario digital que defienda a la Cataluña real, aquí tiene la información de la campaña de crowdfunding.

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
Si quieres leer nuestras noticias necesitamos tu apoyo.

DONA

Recibe las noticias de elCatalán.es en tu correo