Cada vez que usted o un periodista deportivo menciona al «Estadio Olímpico» o «Estadio de Montjuïc» como el «Lluís Companys» está contribuyendo a ensalzar la memoria de uno de los personajes más siniestros de la política española. Es muy siniestro que la instalación más emblemática de Barcelona’92 lleve el nombre de un personaje tan nefasto de la Historia de Cataluña.
Que el dictador Francisco Franco lo fusilara no redime las barbaridades que este dirigente de Esquerra Republicana permitió durante su mandato como presidente de la Generalitat. De ahí que es mejor utilizar cualquier eufemismo o expresión alternativa a la de «Lluís Companys» para evitar ser cómplice de la propaganda secesionista.
La poderosa máquina de comunicación separatista lleva años con una campaña de glorificación que de uno de los artífices de matanzas siniestras durante la Guerra Civil. Más de ocho mil catalanes, casi todos ellos por motivos religiosos, fueron asesinados en la retaguardia en Cataluña bajo el mandato de Companys. Conviene no olvidarlo.
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